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"Historia de la Medicina Psicosomática en el Perú"

Saúl Peña K.

Buenos Aires. Agosto 2003. Mesa redonda Historia de la Medicina Psicosomática y desarrollos actuales.

Sócrates refiere que así como no debiera intentarse curar los ojos, descuidando la cabeza, ni ésta sin atender a todo el cuerpo, así tampoco es posible curar el cuerpo sin tratar el alma.

Platón Diálogos

Podemos afirmar con plena certidumbre que la medicina psicosomática en el Perú se inicia con el conocimiento, la motivación, el compromiso y la finalidad de estudios e investigaciones continuas y consistentes del Dr. Carlos Alberto Seguín, desde su llegada al Perú, en 1941, luego de una formación psiquiátrica y psicoterapéutica de orientación dinámica en el Institute of Living de Connecticut y en la Universidad de Columbia, al lado nada menos que de Flanders Dunbar, una sobresaliente representante de esta orientación en Estados Unidos. Esta dedicación se mantuvo hasta el final de sus días.

El Dr. Seguín glosó los primeros trabajos de Schindler, las conclusiones de la Escuela de Alexander de Chicago y de Davies de Nueva York. La finalidad esencial para Seguín se sustenta en apreciar al hombre como una totalidad, como un ser humano integral y no sólo como un enfermo y tratarlo como tal. Los factores psicológicos y existenciales se integran a los factores somáticos y fisiológicos en las diferentes etiologías, enfatizando la importancia de las relaciones entre el proceso patológico y la personalidad, así como la especificidad de los problemas y de los cuadros clínicos. En la nomenclatura psiquiátrica, previamente a considerar determinadas enfermedades, con evidencias de trastornos psicosomáticos, como son la úlcera gastroduodenal, la hipertensión esencial, el asma, las colitis, el hipertiroidismo, la neurosis cardiaca, las enfermedades alérgicas y dérmicas, etc. y cómo la angustia frente a la existencia de estos factores duales tendía a somatizarse en un determinado aparato o sistema orgánico. De ahí que se sugirió la importancia de considerar en la nomenclatura las reacciones psicofisiológicas del aparato cardiovascular, respiratorio, gastrointestinal, dérmico, alérgico, endocrino y neurológico. Reconociendo la importancia de todo esto, lo trascendente o lo esencial era la relación íntima y permanente del soma y la psiquis y de que toda enfermedad era psicosomática.

Esto hizo que el tratamiento se sustentara en psicoterapia, fármacos, dieta, etc, orientándose a actuar sobre los factores personales y ambientales, dado que el tratamiento moderno debe encararse desde el punto de vista social.

La psiquiatría ha contribuido a la comprensión más clara del hecho mismo de estar enfermo que no es el funcionar anormal de un órgano o un sistema de órganos, sino un desequilibrio del ser humano frente a sí mismo y frente a su ambiente, disciplina cuyo conocimiento se hace indispensable para todo médico. Si el componente psicológico es importante, no podemos asumir una actitud terapéutica real sin conocer su patogenia ni cegarnos ante la realidad diaria, manteniéndonos al margen del progreso y de la forma como uno debe relacionarse con el paciente. Igualmente la psiquiatría es el puente que une la medicina a la cultura general y la que más se acerca al alma del hombre, a su sufrimiento, a sus manifestaciones más sublimes y a sus capacidades más altas. Esto permite entender mejor a nuestros pacientes y a respetarlos en su condición irrenunciable de seres humanos.

Frente a diferentes disyuntivas y cuestionamientos que a buena hora existen no debemos aproximarnos con una mirada sectaria ni proselitista sino libremente a la verdad más cercana de cada paciente. Por ejemplo es indudable que la patología psicosomática permite darnos cuenta de la importancia capital del impulso destructivo dirigido hacia uno mismo, expresión del predominio del Tánatos (instinto de muerte, agresión destructiva de la libido) sobre el Eros (instinto de vida). La vida y la salud están felizmente bajo el predominio del Eros (libidinización de la agresión) sobre el Tánatos. Igualmente, las reacciones patológicas no son monocausales, sino la interacción de muchos factores; así por ejemplo, en los trastornos psicopatológicos o conflictos psíquicos, el impulso tanático se suma a la reacción neurótica o psicótica de la personalidad frente a una perturbación somática. La psicogenia actúa muchas veces como causa o factor determinante o precipitante, pero en ocasiones viene a ser una reacción secundaria de la personalidad frente a la amenaza vital que significa la afección somática. A esto se agrega la importancia que igualmente le damos al factor hereditario y constitucional.

La medicina psicosomática nos conduce al dinamismo de los conflictos del ser humano sin hacer la terapia de un síntoma aisladamente. La represión del impulso agresivo se va a descargar a través de un órgano, por ejemplo, el intestino. Así, comprenderemos y entenderemos el lenguaje de los órganos. Dirige su interés a las explicaciones de los trastornos del "todo" viviente y el gran rol que tienen las emociones.

La mejor apreciación de los enfermos se hace cuando el médico ha sustanciado vivencias similares a las que sufren sus pacientes y del recuerdo de tensiones emocionales previas que nos involucraron realmente y perturbaron incluso nuestro contacto con el mundo social (contratransferencia).

Un mismo factor emocional puede originar distintos cuadros clínicos (locus minore resistentia o meiopragia específica) y un mismo cuadro clínico puede ser originado por distintos factores emocionales.

En 1946 Seguín publicó en la Revista Médica de Rosario en la Argentina, una nota dirigida al Decano de la Facultad de Medicina de Lima, propiciando la iniciación de la enseñanza psicosomática en esa casa de estudios.

La medicina psicosomática trató de superar la etapa en la que se venía considerando al hombre como un conjunto de órganos que funcionan mal o bien, para enfocarlo como a una persona que ama, odia, sufre o goza como una unidad psicosomática. Preconizaba que el médico debe estar tan bien entrenado en el campo anátomo-fisiológico como en el campo psicológico; incluso se planteaba un curso de Fisiología de las emociones, donde se enseñaría la repercusión fisiológica de los estados emocionales. Los estudios de Clínica Médica y Clínica Quirúrgica se encararían con criterio integral, permitiendo estudiar al enfermo en su capacidad humana.

Para Seguín, más que homo sapiens, economicus o politicus, el hombre es fundamentalmente eroticus, cuya vida sólo puede comprenderse a la luz de las vicisitudes de la búsqueda de amor. Al respecto dice: "Acaso la verdadera sabiduría se conserva en las viejas tradiciones de la humanidad que debemos redescubrir una y otra vez en una especie de renacimiento que pueda revitalizar nuestro mundo y ofrecernos nuevas perspectivas". Si entendemos esto en términos de su influencia en la medicina psicosomática, sería integrar lo añejo de las tradiciones de la humanidad, intentando redescubrir una y otra vez una especie de renacimiento que pueda revitalizar e integrar nuestro propio mundo y ofrecer nuevas perspectivas y las entiendo yo como que al diferenciar lo esencial de lo accesorio, o menos esencial, el todo es más que la suma de las partes, en los términos psicosomáticos sería no el enfermo, no el paciente, no el síntoma, sino el hombre.

Su original teoría del Eros psicoterapéutico constituye el producto de más de cincuenta años de esta labor con sus pacientes, yo diría con él mismo y de una evaluación creativa permanente, alimentada aparte de su propia biografía y existencia, por su conocimiento de las obras de Freud. Al mismo tiempo el énfasis que sin utilizar este nombre, es a mi entender en la otredad, al incidir en la profundidad y trascendencia de la relación interpersonal y al contacto afectivo entre médico y paciente. No creo, y me permito aquí discrepar, aunque no necesariamente tiene que ser en el fondo, que la historia libidinosa de sus pacientes es una forma de resistencia que impida la llegada al ser. Mi diferencia es que no es lo mismo la libido en sí, sino su utilización y su desarrollo, porque se estaría contradiciendo de su propio Eros psicoterapéutico si la libido fuera eso y estaría escindiendo la libido del amor, al considerar que la primera sería la resistencia y la segunda la lograda, cuando no hay amor sin libido ni libido sin amor. Lo que sucede, y en eso sí estoy de acuerdo, que en ciertos casos esta libido, agresificada y narcisista destructiva puede transformarse en la más férrea resistencia, pero la libido creativa y saludable va a ser la fuerza más poderosa para el logro de la integración, de la plenitud, de la armonía, de una felicidad suficiente, de la paz y de la salud y de un fortalecimiento de enfrentar el sufrimiento saludablemente. De ahí que incluso cuando se sufre se puede gozar si este sufrimiento se libidiniza.

Luego, Seguín elige más lo existencial que lo freudiano; estoy hablando de teorías, sin que a mi entender, éstas sean opuestas sino para mí mucho más compatibles, sin embargo, él dice que más allá del instinto se halla el ser y más allá de la libido está el amor. Para mí el ser sería la transformación existencial del instinto y el amor vendría a ser la transformación pática del instinto. O sea que están integradas y no separadas. Al postular el síndrome psicosomático de desadaptación, Seguín estaba agregando como un factor fundamental el ambiente; entonces, no solamente estamos con el cuerpo y la psiquis, la mente, el espíritu o el alma, sino indudablemente en un espacio, en un ambiente que puede ser facilitante o interferente, y no solamente el humano, sino el físico-geográfico.

Su potencial de maestro se inició a los 15 años cuando fue profesor del Colegio Internacional de Olivos en Buenos Aires y posteriormente ayudante de cátedra, mientras era estudiante en la Facultad de Medicina y desde que retornó al Perú, homo educando. Intentaba ser mente sana en cuerpo sano. No tomaba ni fumaba; trabajador incansable y ordenado, con puntualidad sajona. Escribía, enseñaba, viajaba, practicaba deportes, jugaba ajedrez, iba al teatro y al cine, investigaba, conversaba y reía y por sobre todo, vivía y amaba. Hizo sus estudios de Medicina en Buenos Aires y siendo aún estudiante publicó en la Editorial Ateneo, en 1931, su libro "Tratado de Farmacología y Terapéutica" que por muchos años fue texto en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. El 14 de abril de 1932 se graduó de médico y durante ocho años ejerció con éxito la cirugía, la medicina y la obstetricia en Formosa, provincia norteña de Argentina que a mi entender tuvo mucho que ver con su orientación psicosomática. Posiblemente ya la aplicaba. El descubrimiento de las ideas psicoanalíticas lo apasionó y decidió el rumbo que daría a su vida, producto del estudio de las obras de Freud, fue la publicación en 1940 de su segundo libro: "Freud un gran explorador del alma." Viajó a Estados Unidos de Norteamérica incorporándose al Instituto Neuropsiquiátrico de Hartford, donde recibió un entrenamiento sistemático en psiquiatría dinámica. Estuvo en análisis con Richard Karpe durante dos años. Interesado en la medicina psicosomática se incorporó como research associate en la universidad de Columbia, al lado de Flanders Dunbar en The Presbiterian Hospital, relacionándose con Bertrand Lewin y asistiendo a cursos y seminarios del Instituto Psicoanalítico de Nueva York. En 1945 retornó al Perú con una poderosa pasión de cambiar rumbos a la psiquiatría peruana, con la energía que lo ha caracterizado y es ahí donde quiere sustentar su orientación justamente introduciéndose en un hospital general y creando ahí el primer Servicio de Psiquiatría en Latinoamérica y uno de los primeros del mundo, al lado de otros servicios médico-quirúrgicos de puertas abiertas, donde pacientes hombres y mujeres se reunían libre y frecuentemente. De tal manera que el ambiente ya era de clara orientación psicosomática, dado que lo psiquiátrico no era manicomial ni excluido ni marginado ni organicista sino incluido e integrado a toda la medicina e influyendo en ésta significativamente. Así se convirtió en el abanderado no sólo de la psiquiatría dinámica y de la tendencia psicosomática en medicina, sino en su auténtica aplicación psiquiátrica en los hospitales generales que, justamente fue la tesis que hice para recibirme de médico sobre la importancia y organización de un Servicio de Psiquiatría en un hospital general.

Convirtió este servicio del Hospital Obrero de Lima en un centro de enseñanza, de vastas proyecciones, donde las interconsultas de los otros servicios y departamentos y las presentaciones clínicas fueron las armas más eficaces para iniciar el proceso de cambio. Formó con médicos jóvenes y con estudiantes de medicina un grupo con el ideal de una tendencia psicosomática en medicina fundando el Centro de Estudios Psicosomáticos y publicando una revista y los anales de Psiquiatría del Hospital Obrero de Lima, de tan honda repercusión en la psiquiatría peruana. Luego vino un programa sistemático de entrenamiento en psiquiatría y por último su incorporación lamentablemente tardía, pero muy merecida a la Facultad de Medicina de San Fernando, en 1962, en la que tuve el honor y la satisfacción plena de ser el coordinador del Departamento de Ciencias Psicológicas.

En 1947 publicó su libro "Introducción a la medicina psicosomática", la primera obra sobre el tema en idioma castellano y la primera fuera de los Estados Unidos que enfocaba de una manera sistemática este nuevo aspecto de la teoría y la práctica médica. El libro mereció el Premio Nacional de Cultura Hipólito Unanue y se convirtió en libro de texto en varias universidades, siendo traducido al inglés y al francés, incluía un modelo de historia clínica psicosomática que ha probado su validez y practicidad permanente hasta la actualidad. Sostiene que la medicina psicosomática no es una especialidad más, sino una tendencia que debe adoptar la medicina en general y que todo médico debe estar más interesado en conocer cuáles son los problemas vitales del paciente que en rotular o etiquetar un síndrome. Una buena historia clínica es la que permite ver la hombre detrás del caso clínico y comprender el caso clínico en función del hombre. Para Seguín la enfermedad es una parte de la biografía de cada paciente y puede considerársela como la reacción del organismo como totalidad frente a los estímulos internos y externos que alteran su homeostasis. El concepto de enfermedad implica perturbaciones en los niveles iónico, celular, tisular, orgánico, personal y sociocultural, todos estos niveles están siempre interrelacionados e integrados, siendo el hombre quien enferma unitariamente, considerando al médico como un posibilitador de hombres. Postula una atención médica basada en un diagnóstico, pronóstico y conducta a seguir comprensivo, dinámico y multidimensional que tenga siempre en cuenta a la persona enferma con sus particulares conflictos existenciales. La medicina debe ser no sólo psicosimática y humanizada, sino interhumana y palintrópica, con un valor terapéutico en la relación médico-paciente, adjudicándole también el irrenunciable rol de psicoterapeuta del paciente y de su grupo familiar, debiéndosele estudiar en su mundo que es la familia y en un mundo mayor que es la sociedad. Frecuentemente pagamos con nuestras enfermedades las enfermedades de nuestro grupo.

Fue pionero también en el estudio de la dinámica de los pequeños grupos, introduciendo los grupos terapéuticos en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Obrero en 1946 y en el 47 publicó su trabajo "Una experiencia con psicoterapia colectiva", ampliando a lo social la perspectiva terapéutica individual. En 1962, introdujimos en la Facultad de Medicina de San Fernando los grupos psicoformativos que se constituyeron en la más seria y sistemática respuesta para resolver el problema de las ansiedades movilizadas en los estudiantes de medicina por la tarea de su formación médica. Los clubes de pacientes del Hospital Diurno y la comunidad terapéutica, el tratamiento del grupo familiar y el de pareja constituyeron aplicaciones de la terapia grupal que también Seguín introdujo en nuestro medio. Reconocido como autoridad en Educación Médica, creamos en 1962 en la Facultad de Medicina de San Fernando el Departamento de Ciencias Psicológicas, cuya labor se extendía en el trabajo con los alumnos a todo lo largo de la educación médica, constituyendo el programa más ambicioso y mejor logrado para la enseñanza de estas disciplinas. Se enseñaba en el primer año Psicología Médica; en el segundo Psicopatología; en el tercero Semiología Psiquiátrica; en el cuarto Nosografía Psiquiátrica y en el quinto Psiquiatría Clínica, además de los grupos psicoformativos durante toda la carrera de una vez por semana.

Expuso estas ideas y sus experiencias en su libro "La preparación psicológica del estudiante de medicina", publicado en 1964 por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Seguín fue un asiduo participante en las más importantes reuniones científicas de la especialidad en todo el mundo, donde ha representado con brillo al Perú. Abierto a las corrientes diversas del pensamiento humano y de una síntesis personal confrontada con la experiencia de la propia vida y con el diálogo con gente inquieta e inteligente como él. Su obra constituirá siempre un ejemplo y una fuente de inspiración permanente, no sólo para sus discípulos sino para los estudiosos de la conducta humana. En este medio siglo de ejercicio de la psiquiatría en el Perú ha jugado un rol protagónico en el movimiento psicoterapéutico en el que es el pionero de la primera Escuela de Psicoterapia Dinámica en el Perú y el verdadero precursor del Psicoanálisis, ya que los pioneros y fundadores de este movimiento somos discípulos de él.

La medicina psicosomática tiene a mi entender, dos enfoques distintos con propósitos diferentes. Uno, es una orientación de la medicina que tiende al conocimiento y a la comprensión del ser humano y del ser humano enfermo o doliente, como una totalidad, en conflicto y en el cual éste refleja nítidamente la relación tan íntima entre el cuerpo y la mente, el espíritu, la psiquis o el alma (metafóricamente hablando). Es decir, que no somos un conjunto de órganos o sistemas, sino seres humanos con una trascendencia integral y total y con una relación unitaria entre nuestra realidad biográfica, nuestra personalidad, realidad psíquica interna, relaciones humanas y ambiente, tanto en términos psíquicos como sociales, culturales, ideológicos, filosóficos, existenciales y éticos.

El otro enfoque corresponde a estudios muchos de ellos serios sobre distintas patologías o reacciones psicofisiológicas con una tendencia a atribuirles un significado y una génesis muchas veces exagerada que en vez de hacerle bien a la medicina psicosomática le hace daño con generalizaciones, apresuramientos y conclusiones fáciles que no distinguen discriminativamente lo realmente esencial y distintivo, no solamente del síndrome sino del ser humano.

En otras palabras no existe una medicina psicosomática distinta o aparte del resto de la medicina, o como especialidad, sino como dice Flanders Dunbar: "En el futuro toda medicina será por definición medicina psicosomática" y yo agrego, que incluso cuando lo prioritario o primordial es de génesis orgánica, somática y fisiológica, todo esto se va a dar no en el vacío ni en el aire, sino en el ser humano que distintivamente tiene factores predisponentes: herencia y constitución, factores determinantes, desde la impregnación (factores congénitos), desde el nacimiento hasta la actualidad y factores desencadenantes que son los que actualizan o precipitan la enfermedad. Además hay que considerar igualmente conceptos muy importantes sobre el locus minoris resistentia o meiopragia que puede existir en cualquier órgano o sistema de un específico ser humano. Igualmente la personalidad, la sensibilidad y el modo de ver el mundo de cada persona, sustenta plenamente la importancia de la relación paciente-terapeuta, analista o médico y la psicoterapia, que no excluye necesariamente tratamientos farmacológicos o de otra naturaleza, de acuerdo a un diagnóstico integral. Así, la historia psicosomática intenta aproximarse al ser humano y de esta manera a la enfermedad actual, historia familiar, niñez, educación, trabajo, cambios de residencia, accidentes, enfermedades y operaciones, vida sexual, hábitos e intereses, religión, hobbies, simpatías políticas, filosofía de la vida, si bebe, si fuma, si se droga, cómo se alimenta, cómo duerme y si recuerda sus sueños.

Agregándosele tres preguntas importantes: 1. ¿A qué atribuye su enfermedad? 2. ¿Cree que puede curarse? ¿Cómo? 3. ¿Qué va a hacer una vez mejorado o curado?

Lo más importante en la medicina psicosomática es precisamente el tratar de comprender y estudiar la participación psicológica en las enfermedades orgánicas. Es un error considerar psicosomáticas a determinadas enfermedades sino que todas las enfermedades lo son porque el estar enfermo de algo psíquico de ninguna manera excluye el cuerpo y el estar enfermo de algo corporal o somático, de ninguna manera excluye lo psíquico y la calidad de ser humano de la persona.

Es interesante lo que dice el maestro Seguín, que todo lo que podemos estudiar por medio de nuestros sentidos lo llamamos materia, mientras que lo que aprendemos por otros medios lo llamamos espíritu. Yo sostengo que el alma y el cuerpo son dos entidades diferentes. Siendo diferentes, están igualmente unidas en espectros y grados diferentes, pero inevitable e indudablemente unidas, manteniendo su identidad y distintividad. No estoy de acuerdo cuando dice que son dos aspectos de una realidad única y que si se distinguen es solamente debido a nuestra peculiar capacidad de captación.

Igualmente discrepo con el maestro cuando él considera que esta unidad psicobiológica reacciona como tal y no considera la psicogénesis de síntomas somáticos ni la somatogénesis de síntomas psíquicos. En mi experiencia clínica es una dialéctica en la cual se percibe la validez y veracidad de esto que no es incompatible necesariamente para mí que al mismo tiempo sean reacciones de esa unidad y de ese todo, pero manteniendo su identidad cada una y su inevitable vínculo e integralidad.

Se evidencia cotidianamente que es la emoción por algo que nos ha conmovido la que produce las palpitaciones en un grado mayor o menor, diferente. Aceptaría que sin negar lo previo esa reacción se manifieste desde la vertiente psicológica o emocional como la experiencia afectiva y desde la vertiente fisiológica, por medio de las alteraciones conocidas.

Estoy de acuerdo, eso sí, con Seguín que no debe ser esencialmente una medicina psicosomática de biblioteca ni de laboratorio, pero sin excluirlas tampoco. Es por eso que concuerdo con Letamendi cuando tan ingeniosamente manifiesta: "a la medicina humana le falta hombre y le sobra rana".

Toda la obra o contribución del doctor Seguín fue continuada por sus discípulos. Fundamentalmente Oscar Valdivia Ponce, Sergio Zapata, Roberto Gamarra, Pedro León Montalván y también el doctor Luis Bacaflor (argentino) que se formaba con el doctor Seguín, lo mismo que el doctor Mendoza (Centroamérica). Algunos de los trabajos, tanto del doctor Seguín, y de los discípulos que menciono se encuentran en la bibliografía.

Pero quien realmente inicia una continuidad persistente, renovada y comprometida en el Perú es el doctor Jaime Velasco, que a su retorno de Buenos Aires en 1997, luego de su formación psicoanalítica en el Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina que inició en 1975, teniendo como analista didacta al doctor Fidias Cesio -psicoanalilsta prominente y uno de los pioneros de la medicina psicosomática en Argentina-. A fines de 1979, el doctor Velasco se graduó de Miembro Adherente de la APA, a partir de 1980 fue Profesor Titular de seminarios del Instituto de Psicoanálisis y su labor docente con interrupción de dos años duró hasta 1994. Aprobó la supervisión didáctica en 1988 incorporándose en calidad de Miembro Titular y Didacta a la Asociación Psicoanalítica Argentina. A su retorno al Perú, en 1997, retomó contacto con colegas y amigos de muchos años y su inquietud fue compartida por ellos: doctores Emilio Crosby (internista), Dante Warthon (psicoanalista) y la psicóloga y psicoterapeuta Carmen Morales para promover la difusión del pensamiento psicoanalítico dentro del medio médico, por lo cual consideró que la manera más adecuada era la de conformar una asociación científica que tomase el tema de la medicina psicosomática buscando un punto de encuentro entre el psicoanálisis y el conocimiento médico y así fundó la Asociación Peruana de Medicina Psicosomática el 9 de julio de 1998 incluyendo como miembros honorarios a los doctores Saúl Peña, Carlos Crisanto y Max Hernández por propiciar el desarrollo del psicoanálisis en el país. Igualmente al doctor Fidias Cesio, fundador del CIMP (Centro de Investigación en Medicina Psicosomática) en 1962, al doctor Raúl León Barúa, prominente profesor, gastroenterólogo e investigador, presidente electo de la Academia Peruana de Medicina y al doctor Carlos Alberto Seguín (in memoriam).

En la actualidad la Asociación cuenta con alrededor de 35 miembros entre médicos de diversas especialidades, psicoanalistas y psicólogos clínicos. Las actividades fundamentalmente consisten en el desarrollo de presentaciones de periodicidad mensual, en las cuales se abordan las patologías más frecuentes, tanto desde el punto de vista clínico, como psicoanalítico. Asimismo, como actividad solamente para miembros, el desarrollo de cursos y seminarios teóricos con la revisión del pensamiento psicosomático que incluye aportaciones que desde diversos puntos de vista y enfoques han efectuado destacados psicoanalistas de distintas latitudes.

El doctor Jaime Velasco fue el primer presidente; actualmente el presidente es el doctor Juan Paz Soldán. Mantiene corresponsalía con el Instituto Psicosomático de Buenos Aires (IPBA) y con el Weisaeker en Argentina, Italia y Alemania.

Este trabajo constituye un homenaje a mi maestro y amigo Carlos Alberto Seguín, con quien tuvimos una relación de mutualidad didáctica y personal, con autenticidad y con Eros y Tánatos creativos. Es una expresión de mi permanente gratitud hacia él.

Lima, 29 de julio de 2003.-

 

Bibliografía

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"Factores psicológicos en la medicina psicosomática".
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"El problema de las relaciones psicofísicas y la medicina psicosomática".
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"Los mecanismos patogénicos psicosomáticos".
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"La preparación psicosomática del médico práctico".
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"La doctrina psicosomática en el plan de estudios".
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"Erasistrato, Antioco y la medicina psicosomática".
C. A. Seguín.
"Lo que no es la medicina psicosomática".
C. A. Seguín.
"Factores psicológicos de la úlcera gástrica".
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"Concepto de la depresión desde el punto de vista psicosomático".
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"Consideraciones psicológicas y culturales en torno al síndrome psicosomático de desadaptación".
C. A. Seguín.
"Factores psicológicos en la colitis".
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"Sobre la patogenia de la úlcera gastroduodenal".
C. A. Seguín y Roberto Gamarra. "Personalidad y síndrome anginoso".
C. A. Seguín y Pedro León Montalbán. "Consideraciones psicosomáticas acerca del síndrome hemorroidario".
Oscar Valdivia Ponce. "Consideraciones psicosomáticas sobre el acné vulgar o polimorfo".
Sergio Zapata. "Las historias psicosomáticas en los Andes".
Sergio Zapata.
"La importancia de los perfiles de la personalidad en la clínica médica".
Humberto Napurí. "El concepto de persona humana en la reforma de la enseñanza de la medicina".
Luis Bacaflor. "Psicoterapia en el asma bronquial a propósito de un caso clínico".
Ricardo Ibáñez. "Algunas consideraciones psicosomáticas sobre las apendicopatías crónicas".
Carlos Mendoza. "Sobre el tratamiento psicoterápico de las colitis".
Jaime Velasco. "Aspectos psicosomáticos de la diabetes".
Jaime Velasco.
"Aspectos psicosomáticos en las adicciones y en el HIV".
Jaime Velasco.
"Inmunología y psicosomática".
Jaime Velasco.
"Oncología y psicosomática".
Dante Warthon y Carmen Morales."Trastornos de stress post-traumático".
Emilio Crosby. "Demencia y Alzheimer".
Raúl León Barúa. "Lo morfológico, lo psicológico y lo mental".
Hugo Campos Castañeda. "Identificaciones primarias y trastornos psicosomáticos en la diada madre-bebe".
Juan Paz Soldán. "Piel y psicosomática".
Saúl Peña K.
"Ciencia y psicoanálisis".