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"Guerra y Psicoanálisis"

Hebe Clementi

Buenos Aires. Mayo 2003. Mesa redonda La guerra y el psicoanálisis.

En estos días termina la guerra en Irak, donde se emplearon todos los armamentos fruto del enorme desarrollo tecnológico de la civilización occidental, en la que Estados Unidos de América ha logrado el liderazgo, indiscutido.

El casus belli que tradicionalmente se toma como origen de la guerra ha sido esta vez la presunta presencia de armamento atómico por parte de Irak, y acabar con el gobierno tiránico de Saddam Hussein, además de encontrar al culpable del abatimiento de las torres neoyorquinas.

Por debajo, subyace otra realidad: el suelo de la Península Arábica contiene petróleo, producto de primerísima necesidad para el mundo tecnológico en el que estamos todos inmersos.

En algún lugar del conflicto, está el drama de Israel y Palestina, y la eventual solución que la derrota iraquí provoque sobre la rebeldía palestina.

Hace mucho que la historia ha dejado de ser la enumeración de batallas. De modo que ante la situación que está viviéndose en estos primeros años del segundo milenio de nuestra era, cabe la reflexión sobre estos hechos, aunque prima en muchos de nosotros la más grande ignorancia acerca del mundo árabe en general. Quienes tenemos presuntamente "estudios" sobre historia, registramos la memoria de Sumeria, y las tablas de Hammurabi, como primerísima mención de la civilización originada en la Mesopotamia entre los ríos Tigris y Eufrates, de las que quedaban registros arqueológicos, amén de contactos posteriores con egipcios, hititas y otros pueblos del área. Sobre lo que sigue va ganándose una ajenidad fruto de ignorancia plena. Algún regreso se tendrá con la leyenda de los Reyes Magos, venidos del Oriente, con los cuentos de las Mil y Una Noches, y un poco más acá, con la presencia en la Península Ibérica, mucho más en torno a su desalojo en los fines del siglo XV que sobre su presencia de diez siglos, y la mención, muy al pasar, de que allí, en la España musulmana, se tradujeron los libros de filósofos griegos, que permitieron el florecimiento del pensamiento filosófico en el "Renacimiento" europeo. Tampoco nos quedó ni siquiera la pregunta de a dónde se fueron los árabes expulsados? El mapa que acompaña estas líneas lleva la fecha del siglo, 750 d.c., y vale mirarlo atentamente. Salvo el área de la Galicia española, el resto de la península es árabe, como lo es también toda la costa mediterránea del norte y oriente africano, la península Arábica, y buena parte del Oriente que incluye el área sur de China y salvo el Tibet, la India.

Nuestra ignorancia acerca del Islam, se debe a nuestra educación en cualquier nivel etnocéntrica, aunque se precia de no serlo, y de ahí el corto alcance en lo que se refiere al horizonte cultural. Quedan pues los oropeles, las joyas, los turbantes, para la fantasía. Y por parte de ellos, los musulmanes, islam es participio de un verbo que significa "entregar o encomendar algo o alguien a otro" que expresa la sumisión a un Alah compasivo, y la obediencia al Corán, lo que no ha obstado para una difusión enorme de los avances técnicos "occidentales" y una inteligencia dinámica para insertarse en el medio y en la explotación petrolífera y sus adyacencias financieras. Recuerdo que en ocasión del Congreso de Mujeres que se realizó en Pekín en 1995, la carpa asignada al mundo árabe en el predio donde tuvo lugar la reunión, era la más amplia y mejor acomodada de todas, y no vi ninguna mujer con túnica. Puede ser que me haya equivocado, pero en tres ocasiones diferentes ése fue mi testimonio. Por lo demás el CORAN tiene para esos pueblos la significación de la BIBLIA para la cristiandad.

En cuanto al mundo americano, digamos que las primeras exploraciones marítimas estuvieron a cargo de navegación portuguesa educada en una escuela náutica de relación estrecha con maestros árabes expulsados de España, y que la búsqueda de la famosa isla de "las especias" fue común. Como lo fue también la práctica esclavizadora de negros, cazados por los árabes ubicados en áreas africanas estratégicas, que combinaban su labor con caciques negros para vender los esclavos a flotas inglesas o españolas, a lo largo de casi cuatro siglos, con la consiguiente utilización de esa mano de obra en toda América. Las tres ciudades rectoras del dilatado universo musulmán siguieron siendo Bagdad, la Meca y Medina, estas dos últimas en estrecho vínculo con la religión mahometana.

Entretanto, la división en reinos en el área europea fragmentó peculiaridades y confirmó identidades, con algunos predominios que llenan los siglos con batallas y grandes emperadores, abatidos y reemplazados con un dinamismo del que nos quedan vagas referencias.

Alejandro Magno, Carlomagno, Saladino, son figuras difuminadas en las memorias de siglos, que de alguna manera tuvieron contacto con pueblos diferentes, que no estudiamos ni recordamos como presencia. La vida del hombre sobre la tierra se calcula en un millón de años, y la moderna arqueología encuentra testimonios cada vez más lejanos en los tiempos. Sin embargo, siguen siendo Sumeria, el Nilo, y el valle del Indo, los lugares más testimoniados por los documentos de época. Precisamente, la biblioteca arrasada en Bagdad guardaba esos tesoros, al igual que el Museo y todos lo sabían. Se irá conociendo con el tiempo qué o quiénes se aseguraron la preservación de algunos de esos testimonios, antes del brutal arrasamiento.

Aquí cabe la reflexión sobre el sentido que tiene LA HISTORIA, sin límites ni banderías. Pensar los orígenes de la cultura humana es la manera inigualada de ampliar la percepción de nosotros mismos, estimar los logros, humanizarnos en la modulación de aspiraciones, capacitarnos para dejarnos ganar por un sentido de justicia que prime sobre las convicciones o los conflictos. Y además, como entorno imborrable, queda la evidencia de que la DESMESURA es siempre la que motiva la derrota, y tienen directa relación entre sí. Y ha sido siempre así. Los persas con los griegos, los musulmanes con los cristianos, Bonaparte con los rusos, Hitler con... el invierno ruso, y las cenizas de los campos de concentración. De paso, sumemos también las huestes españolas que arrasaron millones de indígenas, práctica que en mayor o menor medida se repitió en toda la América primigenia.

No hay quien se salve, de la pretensión esclavizante. Y es ésa precisamente la historia que enseñamos o que aprendemos.
LA HISTORIA CONCEBIDA COMO LA MENCION DE VICTIMARIOS
Esta en la historia que se inaugura con Irak, en este nuevo milenio. La reflexión de Erik Erikson sobre la identidad: "un pueblo tendrá identidad cuando la historia sea común y el emprendimiento también", con palabras que se parecen mucho a las de Tocqueville, un siglo antes, refiriéndose al pueblo "americano", siguen vigentes, como aspiración y como reincidencia en el error y la destrucción.

Nosotros, los argentinos, que incluimos individuos de todas las naciones del mundo, y nos desentendemos de las discriminaciones latentes hacia muchos de ellos -sobre todo con los primeros habitantes, indios y negros y sus cruzas diversificadas- nosotros, frente a nuestros espacios vacíos, y nuestra posición hemisférica, amén de hacer este examen cultural -por llamarlo de algún modo- tendremos que cobrar conciencia de NUESTRO ESPACIO, que no ha merecido una reflexión sistemática por parte de la población en general, que es constitutivo de nuestro estar en el mundo, cualidad extensión a todos los países americanos.

Si el detonante de la guerra de IRAK ha sido el tema del petróleo, con la pálida alusión "moralista" de la desmesura de su jefe de gobierno, el atentado a las torres y el castigo a Osama ben Laden, quedan algunas otras situaciones pendientes. En primer lugar, cuál será el destino de los estados árabes que rodean a Irak, que comprende Irán, Siria, Libia y Arabia Saudita. Las NACIONES UNIDAS y su CONSEJO DE SEGURIDAD se han opuesto a esta guerra, y a despecho de ello, y de la opinión expresa de importantes naciones europeas, está abierto el escenario para un seguimiento de la violencia librada a la decisión de jefes militares sin nombre. Las informaciones que llegan después del cese del fuego son nefastas y se experimenta una suerte de vergüenza profunda, la de haber creído que después de las dos guerras mundiales del siglo pasado y los horrores sufridos, y frente a las consecuencias de Hiroshima -para nombrar uno de los hechos abrumadoramente asesinos- se había alcanzado un territorio sino de paz, al menos de debate reflexivo. Puede adjudicársele a la cúpula norteamericana ignorancia o impetuosidad vengativa, pero de ningún modo le alcanza la posibilidad de la ignorancia. Nadie como ellos para conocer estrategias y consecuencias. El IMPERIO, esta vez, no tendrá ningún emperador ni guerrero glorioso para mostrar a la posteridad, en tanto que el ARRASAMIENTO de los restos de esas culturas, significa una brutalidad que nada podrá mitigar. NO EXISTE LO QUE NO DEJA RASTROS pero lo que vendrá no podrá detenerse con más bombas, ni con ocupaciones coloniales. La guerra seguirá por otras vías, que incluirán el pavor organizado, de los unos y los otros.

Una consecuencia posible será el opacamiento de la resistencia palestina y cabe pensar en aquel éxodo bíblico de los judíos a Babilonia, invertido ahora el sentido... es la regresión de una historia inacabable, en la que se mezclan convicciones religiosas y obstinaciones socio-políticas, que sólo el tiempo y la moderación hubieran podido resolver. Atrás queda Osama ben Laden y sus fieles y la verificación de su identidad pendiente deja también latiendo la eventualidad del desquite. Sin pretender un cierre digno de filósofo de la historia, y habiendo rechazado en su tiempo la cosmogonía de Toynbee, hoy cabe ratificar lo abominable de esta masacre, y apostar a que no será el absolutismo de tirano alguno lo que permitirá alcanzar una paz razonable... ni el regreso de la brutalidad incalificable. La mediatizada protesta del público norteamericano, y de los que se involucran con el futuro de Israel o el conflicto palestino, hace dudar del efectivo ejercicio del derecho a emitir opinión. Otro lastre que mantendrá atracada la nave del próximo futuro.

"El malestar en la cultura" al que aludía Freud en uno de sus últimos trabajos, sigue delatando incógnitas a resolver, que el psicoanalista actual en sus vertientes socio-culturales necesita ocuparse de esclarecer.

La victoria del nazismo en 1933, el día del incendio del Reichstag, suponía el abatimiento de la política bajo el totalitarismo y remitió a la necesidad de volver a comenzar "poniendo el pensamiento a prueba del acontecimiento", lo mismo que ahora nos pone en el camino de inventariar los sucesos, narrarlos con franqueza, porque no nacen de la nada, y pierden la continuidad pensada como inmutable, además de hacernos cargo del tiempo que vivimos para comprendernos a nosotros mismos.