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A 35 años de la dictadura. Para hablar de lo que no se habla.

Gilda Sabsay Foks
Voy a parafrasear una expresión de Angel Garma: el individuo suele desvalorizar a sus padres, igual que con los individuos ocurre en las agrupaciones. Una asociación cualquiera que desconoce su historia, se halla en involución, aunque exteriormente su aspecto sea deslumbrante. Muchas veces la aceptación ambiental amplía de cualquier movimiento social, aún de índole científica, se hace a costa de su pureza, mediante arreglos táctios con las fuerzas destructoras. Tampoco las personas que resaltan más en un ambiente amplío suelen ser las más capaces, sino, quienes teniendo méritos, han hecho además concesiones para revestirse del halo de la fama. Freud mismo fue admirado por una minoría. Así lo demuestran muchos hechos de su vida, entre ellos, el que no se le haya otorgado el premio Nobel, el galardón internacionalmente más jerarquizado para realizaciones científicas.
Si las agrupaciones psicoanalíticas olvidan su historia, hay algo que no anda bien y conviene modificar.
Una ciencia nueva requiere nuevas técnicas, nuevos métodos, genera formas novedosas de adhesión y rechazo. Contra el entusiasmo sin barreras sensatas, a favor del sano fervor, contra la inhibición y el prejuicio casi fanático de muchos hacia los nuevos horizontes de la ciencia debieron batallar los primeros psicoanalistas, aquí y en otras latitudes. Los argentinos les debemos gratitud y reconocimiento a nuestros precursores y pioneros.
¿Porqué les digo estas palabras? Creo que esas palabras incluyen también verdades de lo que no podíamos hablar, callábamos, más acá o más allá de nuestro quehacer psicoanalítico. Esta es la primera vez que en la Asociación Latinoamericana de Historia del Psicoanálisis y en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) que bajo el título "Después de 35 años del período negro empezamos a hablar". Tengo que reconocer que cometí un acto fallido. Olvidé poner en el título hablaremos de lo que nunca se habló. No es casual que yo haya cometido ese acto fallido. Creo que tiene que ver con el núcleo de lo que quiero transmitir. Es el miedo. El miedo que creo nunca terminó. Sigue incorporado en nuestro inconsciente y a veces en nuestra consciencia.
Voy a relatar mi experiencia en ese período negro. Un día saliendo de mi casa en la calle Ugarteche me encontré con Mimi Langer acompañada de alguien. Me da un abrazo y me dice "Cuídate mucho. Dame un abrazo". No sabía que era su despedida porque estaba amenazada por la Triple A. No me lo dijo pero tuve la percepción clra que era un abrazo de despedida. Ocurría en el 75 en la época de los asesinatos políticos organizados por el nefasto López Rega. Fue la primera vez que negué el peligro y el miedo. Quiero decir que el período negro empieza antes de la dictadura militar.
De la dictadura militar voy a contar algunas experiencias personales. El 24 de marzo de 1976 venía de vuelta de Francia y muy en contacto con Leclaire. No sabía porqué Leclaire me dijo "¿no se quieren venir para acá? Yo les podría mandar trabajo a vos y a tu marido y se podrían instalar acá". No me dio una explicación clara porque me hacía ese ofrecimiento. ¿Qué había en lo latente que sabía él? Estábamos en febrero, yo sabía de la Triple A, pero no tenía consciencia que allá sabían más que acá. No acepté porque mi marido no quiso volver a emigrar.
En marzo me encuentro con una amiga que tenía desde los 12 años, Blanca Tarnopolsky, que como todos Ustedes saben desapareció junto con su marido, dos hijos y una nuera. Ella tenía miedo por la militancia de sus hijos. En julio tenía que venir a cenar a mi casa. Ese día secuestraron a toda la familia. Cuando llamé a su casa, la abuela me dijo, "no vengas, no vengas, acá pusieron una bomba, se llevaron a todos..."
Al día siguiente en el grupo de Baranger comento ese drama, me dijeron "ya van a aparecer..." Nunca aparecieron y mi miedo aumentó., sobre todo porque en ese momento estaba en casa una sobrina mía carioca. Tenía que ir a dar seminario, le hablo a Abadi, le explico que no voy a dar seminario. Por mi voz se dio cuenta de algo; me citó en la esquina de Malabia Lo veo y me dice para tranquilizarme "seguí con tu seminario y tu vida habitual". Una actitud de contención cariñosa. Seguí mi vida, pero mi miedo no desapareció y mi amiga y su familia nunca aparecieron.
La segunda anécdota importante es la siguiente: del 76 al 78 fui directora del Centro Racker. Un domingo, al volver del country, encontramos el departamento del consultorio y el departamento de vivienda abiertos, todos revueltos, con los pasaportes tirados en el piso, todos los cajones abiertos, las fichas tiradas, joyas y dinero sobre una cama, pero no faltaba nada. Después nos enteramos que era un operativo de la Marina. Mi marido en ese momento era profesor de la Facultad de Psicología de la UBA.La deducción lógica, éramos dos personas que podían ser sospechosas.
A fines del 77 aparece en el Centro Racker el antrior director del Centro Racker, Nicolás Espiro, militante de izquierda. Recién salía de la cárcel donde estaba preso desde unos días antes del 24 de marzo del 76, preso reconocido oficialmente, lo que permitió a Amnesty International intervenir para liberarlo. Ese día le ofrecí a Nicolás mi silla de directora y Espiro nos contó durante más de una hora todas sus penurias en la cárcel y se quejó de la poca solidaridad de sus colegas de la APA. Situación muy parecida a la que tuvo Valentín Baaraenblit. Yo me sentía dividida entre el amor y el espanto. Los quería a Espiro y a Valentín pero sentía el temor de poner en peligro a la Institución. Después que se fue Espiro fui llamada por Comisión Directiva. Estaba Abadi de presidente, Storni de secretario. Me retaron. Me dijeron que había puesto en peligro a la APA al permitir hacer esta catarsis a nuestro colega. Seguía dividida entre el sentimiento de haber hecho lo que correspondía y por otro lado de haber puesto en peligro a la Institución a la que pertenecía desde 1958. Esto también pasó en el Congreso de IPÂ en N. York donde nos preguntaban si estaban matando judíos en las calles. Nosotros contestamos que no, pero ellos tenían noticias precisas sobre la situación grave en la Argentina, las desapariciones, etc. Querían sacar una resolución contra los desmanes de la dictadura. Ahí Carlos Mario Aslan se opuso porque intentaba que el gobierno no tocara a la APA. Esta no fue tocada en sí misma.
Todo esto no lo conté públicamente, salvo en 1993 en Barcelona en el Congreso Internacional de Historia del Psicoanálisis, cuya temática era "El exilio de los psicoanalistas". Allí hubo una verdadera catarsis, llantos de alemanes, franceses, ante la presencia de Valentín Barenblit, de Ana Kaplan. Desde entonces pasaron 17 años. Con esta temática hicimos un panel en la Asociación Latinoamericana de Historia del Psicoanálisis y ahora lo hacemos en la APA. con los mismos expositores, salvo Juan Carlos Volnovich.
Hoy no sé qué nos une a este miedo si el amor o el espanto. Creo que hacer esta presentación es importante porque el sentimiento de miedo no ha desaparecido.

 

La Directora del Museo Roca, María Inés Rodríguez, planteó la situación sociopolítica de la Argentina al instaurarse la dictadura y su evolución.

Carlos Dupuy expuso su posición personal a través de un texto que reproducimos a continuación.

Luego Carlos Repetto habló de cómo se fue ubicando como psicoanalista en ese período negro.

Juan Carlos Volnovich presentó su recorrido y vivencias como psicoanalista, antes de partir para su exilio en Cuba. En forma muy emotiva transmitió lo que significó analizar niños y adolescentes, hijos de desaparecidos o exiliados; los peligros enfrentados que lo obligaban a realizar las sesiones en parques publicos.

Beatriz Zelcer, con el texto siguiente, relató su experiencia personal y su enfoque psicoanalítico.