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Diálogo entre Freud y Marx

Museo Roca, 27/08/2009

Freud María Inés Rodríguez Aguilar (Directora del Museo Histórico Roca): Esta noche vamos a reflexionar sobre cómo nos resulta en el siglo XXI escuchar algunos pensamientos de Freud y Marx. Cuando uno piensa en las situaciones culturales y estructurales de los pensamientos y prácticas de las sociedades, uno tiene que admitir a Freud y Marx como los ùltimos grandes revolucionarios.
Desde la historia uno puede preguntarse sobre los holocaustos, sobre las guerras y las consecuencias de la Primera y Segunda Guerras Mundiales. Uno se pone a pensar cómo los actores sociales y los procesos económicos fueron totalmente resignificados gracias a las reflexiones de Freud y Marx que trajeron nuevos paradigmas para observar la cultura, la economía y la sociedad. Qué tensiones entre los dos grandes pensadores que acentúan por un lado el individuo y por otro la sociedad.
Escucharemos a dos personas que representarán con pasión y conocimiento a esos dos grandes pensadores, renovadores del siglo XX y que aún siguen influenciando al siglo XXI.

Gilda Sabsay Foks: a continuación dialogarán Enrique Foks como Sigmund Freud y Manfredo Teicher como Marx.

Habla Freud (I)
Estimado Herr Marx. Desde estas alturas, si dejamos de lado las falsas modestias, podemos afirmar que Ud. y yo hemos marcado hondamente el pensamiento del siglo XX. Veamos de qué manera, para bien o para mal, sin quedarnos en algunas frases hechas repetidas sin profundizar.
A Ud. le adjudican haber demostrado el mecanismo de la plusvalía, la alienación del hombre como objeto en la sociedad y el trabajo como mercancía, y le cuelgan esa frase de su libro El 18 Brumario de Luis Bonaparte: "todos los acontecimientos y personajes históricos se repiten dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa".
A mí me atribuyen el descubrimiento del enigma de los sueños y de la sexualidad infantil.
Creo que, aunque ambos hemos pensado en el devenir de la vida humana, nuestros caminos divergen totalmente.
Ud. ha afirmado que el desarrollo de las formas de sociedad es un proceso de historia natural y que los cambios en la estratificación social surgen unos de otros por la vía de un proceso dialéctico. Esto es un precipitado de aquella oscura filosofía hegeliana aceptada por Ud. en su juventud.
Ud. piensa que no hay una naturaleza humana sino que cada época se desarrolla según leyes dialécticas y las personas dependen de la época y no de una naturaleza humana.
Por ese camino se puede llegar a una posición extrema como la del psicoanalista Reich que publicó un libro llamado La revolución sexual donde culmina con la disparatada afirmación que, lo que denominamos instinto de muerte, es un producto del sistema capitalista, desconociendo que la pulsión agresiva es una disposición pulsional autónoma del ser humano. En el sistema capitalista se da con ciertas características, pero también con otras peculiaridades en el sistema esclavista de la Antigüedad, o en la Edad Media, etc.
Yo opino que la formación de clases dentro de la sociedad responde a las luchas sobrevenidas desde el comienzo de la historia entre las hordas humanas separadas por pequeñas diferencias. Creo que las diferencias sociales fueron en su origen diferencias de linaje o de raza. Factores psicológicos como el placer constitucional de agredir, también la solidez de la organización dentro de la horda y factores materiales como la posesión de mejores armas decidían el triunfo. Los vencedores se convertían en amos y los vencidos en esclavos. Ahí no hay ninguna ley natural ni cambio dialéctico.
Por eso creo que la fuerza del marxismo no reside evidentemente en su concepción de la historia ni en la previsión del futuro basada en aquélla, sino en su demostración de cómo la influencia de las relaciones económicas entre los hombres se exterioriza en sus posturas intelectuales, éticas y artísticas.
Pero Ud. Herr Marx deja de lado los factores psicológicos como las pulsiones de autoconservación, el placer de agredir, la necesidad de amor, el esfuerzo hacia el placer y la evitación del displacer.
No hay posibilidades de pretender el desarraigo de las inclinaciones agresivas de los hombres. También los comunistas esperaban hacer desaparecer la agresión entre los hombres asegurándoles la satisfacción de sus necesidades materiales y estableciendo la igualdad entre los participantes de la comunidad. Yo lo considero una ilusión. El odio a los extraños es un motivo principal para promover la cohesión de los seguidores. Siempre es posible ligar en el amor a una multitud de personas con tal que otros queden fuera para manifestarles la agresión. Lo llamé el narcisismo de las pequeñas diferencias.
El ensayo de instituir en Rusia una cultura comunista tuvo su respaldo psicológico en la persecución al burgués. Desde este Olimpo veo que después de liquidar a los burgueses liquidaron a los opositores comunistas.
El marxismo en su realización rusa cobró la energía, el absolutismo y el exclusivismo de una cosmovisión. Al mismo tiempo un inquietante parecido con aquello que combatía. Creó una prohibición de pensar tan intransigente como lo fue la decretada por la religión. Fue prohibida toda indagación crítica de la teoría marxista. Las dudas acerca de su corrección son penadas como antaño las herejías lo fueron por la Iglesia Católica.
Las obras suyas, Herr Marx, han reemplazado a la Biblia y al Corán como fuentes de revelación.
Los comunistas creían haber hallado el camino para la redención del mal, la redención de las pulsiones agresivas. Según ellos el ser humano es originariamente bueno, pero la institución de la propiedad privada corrompió su naturaleza.
Puedo discernir esta premisa psicológica como una vana ilusión. La agresión no ha sido creada por la institución de la propiedad privada. Se la advierte ya en la crianza de los niños cuando la propiedad ni siquiera ha terminado de abandonar la forma anal primitiva. Constituye el trasfondo inclusive de todos los vínculos de amor y ternura, como lo muestra la pulsión de apoderamiento o aprehensión.
A mi entender el destino de la especie humana depende de si su desarrollo cultural logrará y en qué medida dominar la perturbación de la convivencia humana proveniente de la pulsión humana de agresión y de autoaniquilamiento.
Lo ideal sería una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón…pero es una esperanza utópica.

Contesta Marx (I)
Dr Freud: No creo tener algo que ver con la modestia, falsa o no.
Ud y yo, como cualquier ser humano, somos productos de su época.
El concierto de Europa en el siglo XIX apartó el individualismo de la monarquía maquiavélica y declaró que había una comunidad humana, o europea, al menos. Y si dividió el mundo entre los reyes, hizo algunos (por cierto bien pocos) gestos respetuosos para la unidad humana.
La misión en la que la inteligencia humana se halla todavía empeñada era y es, crear y aplicar una ciencia de la propiedad como base de la libertad y de la justicia social, una ciencia de la circulación monetaria que asegure y preserve un medio económico eficiente; una ciencia del gobierno que enseñe a armonizar los intereses comunes; una ciencia política internacional que ponga fin al despilfarro y crueldad de las guerras; que coloque los intereses comunes de la humanidad bajo una dirección común y sobre todo, un sistema de instrucción mundial que sostenga el interés del hombre en su común aventura humana.
Cancilleres, estadistas y políticos de este siglo XIX fueron una banda de colegiales revoltosos, enredando los materiales acumulados de un gran edificio en construcción, cuya finalidad y naturaleza no alcanzaban a entender.
Mientras, se daba una transformación de las condiciones materiales de la vida, con la aparición de la máquina de vapor cuya fuerza motriz se logró adaptar a la maquinaria, apareciendo en 1804 la primera locomotora. Y en 1824 la primera línea férrea.
Después del desastre de Rusia, Napoleón viajó a París los 2240 km en 312 horas, una velocidad media de
8 km por hora, velocidad que regía desde antes de Jesucristo. El ferrocarril redujo esa velocidad a menos de 48 horas, posibilitando una administración que antes era imposible. El barco de vapor, atravesó el Atlántico en 1819, aunque la travesía tardó en llegar a reducirse a sólo 5 días, recién en 1910. En 1835 aparece el primer telégrafo eléctrico y en 1851 el primer cable submarino.
Parecían los inventos más asombrosos pero no eran más que rudimentarias muestras de lo que la ciencia y la tecnología iba a ofrecer.
En 1864 se pudo fundir, purificar y colar toda clase de hierro. Entonces vinieron los barcos de hierro y acero, los puentes gigantes y la construcción de acero en escala gigantesca.
La materia fue dominada. El hierro, el acero, el cobre, el estaño, como el níquel y el aluminio, antes desconocidos.
Paralelamente se desarrolló la electricidad: la luz y la tracción eléctrica.
Primero Inglaterra y Francia estuvieron en la vanguardia, pero en la 2ª mitad del siglo XIX Alemania tomó la delantera, principalmente en la química. (fertilización del suelo)
La Revolución Industrial comprende tres fases:
1ª fase de la revolución Industrial (mecánica) la máquina de vapor
2ª fase: la electricidad
3ª fase: el motor de explosión (al final del siglo XIX)
Esta revolución tecnológica requiere cambios socio-culturales revolucionarios que aún no se encuentran.
La ciencia y su cada vez más acelerada consecuencia tecnológica aumentan la longevidad, la superpoblación, la superproducción, y un armamento cada vez más sofisticado, sin un control racional y universal sobre ese inmenso poder.
Las nefastas consecuencias son las crisis del capitalismo donde la producción se para, con la consecuente desocupación ensanchando cada vez más la brecha entre los explotadores que lograron acumular el capital y los desamparados que dependen de su trabajo para sobrevivir. El auge de la delincuencia es inevitable entonces, ilustrando el poder destructivo del animal humano empujado por la desesperación.
La plusvalía, la explotación del hombre por el hombre, alimenta un caldo de cultivo social donde las diversas manifestaciones de la locura cierran este círculo vicioso.
Pero la supuesta racionalidad del animal humano no se destina a un favorable cambio.

A este siglo XIX llegué 38 años antes que Ud.
A Treveris (o Trier) una ciudad que durante Napoleón fue francesa y que la Restauración, derrotado Napoleón, otorgó a Alemania.
Ud nació en Freiberg, Moravia, seducido por el esplendor del Imperio Austro-Húngaro, todavía el más importante de Europa en esa época.
Supongo que fue mi padre, al que admiré sinceramente, el que influyó en la elección de mi camino. Para poder ejercer el cargo público después de Napoleón, tuvo que convertirse al luteranismo, de lo cual no estaba muy orgulloso. Como protesta me dio el nombre de mi padre y de mi abuelo. Me llamo Karl Heinrich (por mi padre) Mordejai (por mi abuelo). Bautizó a sus hijos recién en 1824, cuando yo tenía 6 años.
Considero que la religión es el opio de los pueblos. Yo soy ateo, apátrida y revolucionario. Mientras que Ud, aunque sostenía que no podía respetar ni la religión, ni el nacionalismo, se “sentía” judío.
Sí, ambos adquirimos una fama que muchos consideran injustificada.
A pesar que nunca me consideré “marxista”, sí, he descubierto y denunciado la plusvalía, la explotación del hombre por el hombre que no tardará en desaparecer de la historia.
Si previamente suceden tres hechos:
La educación que termine con la alienación
La revolución proletaria, tomando las riendas de los medios de producción.
La dictadura del proletariado que imponga la abolición de la propiedad privada en un estado socialista asentando las bases de una sociedad comunista, pero universal.
No soy el único que lucha por un estado racional donde el ser humano es un hermano solidario del vecino.
Estoy convencido que también Ud y todos los que pertenecen a la secta psicoanalítica también la necesitan, la desean, y la esperan, aunque nunca lo reconozcan.
A Ud le atribuyen el descubrimiento del Inconciente al que denuncian como el reservorio del deseo de dominio sobre los otros, oculto tras una máscara de hipocresía, según ustedes, muy necesaria.

¿Quién cree Ud que ha logrado más adeptos? Y ¿por qué? La respuesta es muy simple: Hay muchos más desheredados que se desesperan por sobrevivir, que los que están del otro lado, explotándolos. Son éstos últimos los que se aferran a sus argumentos, mientras que todo el resto, necesita aferrarse a los míos.
Sí, en “el 18 brumario” sostengo que los acontecimientos y personajes históricos se repiten dos veces; me refería a Napoleón Bonaparte (la tragedia) y a Luís Napoleón, o Napoleón III (la farsa).
Como yo me adelanté 38 años y mi vida fue una tragedia, no creo que Ud sea esa farsa con su fuerte apuesta al Inconsciente, a la sexualidad infantil y a la interpretación de los sueños.
Más me inclino a ver como tal al camarada Iosiv Vissarionovich Dzhugashvili, llamado Stalin.

Parece que Ud se vanagloria de haber descubierto la sexualidad infantil y haber encontrado el sentido de los sueños. Y ¿qué opinión le merece la proclamación de los derechos del niño a la vista del desamparo en que se encuentra la mayor parte de la infancia?
Si la hipocresía es necesaria ¿para qué? ¿que todo cambie para que siga igual? Sí, somos todos iguales, pero algunos somos más iguales que otros. Su secta psicoanalítica ¿pretende cambiar eso?
O, más bien, quieren aprovechar las reglas del juego de la cultura humana que difunde por los cuatro costados su verdad: Sálvese quien pueda y cómo pueda.

Tras el lamentable fracaso de la Comuna de París en 1871, pasé los últimos años de mi vida en la biblioteca del Museo Británico tratando de entender a la historia y al ser humano que la produce.
Ahora, disponiendo de tiempo y mucho material a disposición, noto que lo racional no termina de imponerse. El momento llegará, tarde o temprano. El ser humano no podrá prescindir mucho más, de esa etapa en la evolución.

La historia natural no se puede negar.
Tras el oscurantismo de la Edad Media, la Ilustración libera el pensamiento humano de la mordaza que le imponía la religión, a pesar que ésta conserva su peso, espero que cada vez sea menos.
Esto hizo posible el extraordinario avance científico y tecnológico, que produjo la revolución industrial.
Las contradicciones, la lucha dialéctica de los contrarios continúa, esa parte de la filosofía de Hegel es innegable. Y Ud la tuvo muy en cuenta en su psicoanálisis, sin darse cuenta de ello.
La lucha dialéctica produjo la revolución francesa que siguió con el imperio napoleónico que a su vez produjo la restauración. La restauración tuvo que imponer un estricto control sobre la libertad del pensamiento racional materialista y a pesar suyo sólo lograr postergar la evolución lógica de la historia.
Logró que mi vida fuese una tragedia, sí. El capitalismo no dejará de ser una etapa, necesaria, sí, pero es imposible frenar el avance de la historia hacia la plena libertad del hombre, racional y solidario.
El despotismo absolutista tiene aún sus aliados en ese auge nacionalista que tampoco puede frenar el avance de la democracia republicana.
La revolución francesa inclinó la balanza a favor de la burguesía, a esa etapa le sigue el capitalismo, escalones necesarios para llegar a la revolución proletaria mundial.

Las personas dependen de su época, la cual a su vez está formada por las personas y juntas evolucionan según una espiral dialéctica siguiendo una contradicción y lucha constante: a una tesis se opone una antitesis, de esta lucha dialéctica surge una síntesis, que, con el tiempo, se convierte nuevamente en una tesis por aparecer una nueva antitesis, surgiendo una nueva síntesis y así sigue la espiral dialéctica de la historia.
Claro que hay una naturaleza humana que determina esta evolución, pero no deja de evolucionar.
Respecto a ese Reich, le ruego me dispense, pero ya me resulta suficiente el tener que defender lo mío para ocuparme de las extrañas opiniones de otros.
Y, si Ud acepta la importancia de las relaciones económicas de los hombres en sus posturas intelectuales, éticas y artísticas, está aceptando que estas relaciones económicas determinan la historia que es la ilustración de las posturas intelectuales y éticas (por lo menos) de los hombres.
Desde el comienzo de la historia la lucha por el poder creó las pequeñas y también las grandes diferencias entre los hombres, tanto dentro del grupo como entre grupos. De ahí a la lucha de clases, no hay ninguna distancia, es lo mismo.
Y podemos ver que la lucha de clases no es patrimonio exclusivo del hombre. Todos los mamíferos (por lo menos) la exhiben.

Pero me resulta curioso eso que llama pulsión de muerte.
¿De dónde salió eso?
En la naturaleza hay una fuente de calor (de vida); pero no hay una fuente de frío (que sería la muerte). Todo movimiento que produce, aunque sea algo de calor, significa vida; pero ¿pulsión de muerte? Parece que esa es una de las tantas conclusiones apresuradas que abundan en sus elucubraciones.
Ud considera una ilusión el desarraigo de las pulsiones agresivas de los hombres. Pero en algún lugar habla de sublimarlas. ¿Entonces?

En cuanto a los comunistas, eso que llamaron comunismo en la Unión Soviética no tiene nada que ver con lo que algún día, no muy lejano, se podrá ver como comunismo.
Si me comparan con Napoleón, como la versión trágica, al camarada Stalin lo podemos comparar con Luis Napoleón, la versión farsesca, lástima que llegó a tener mucho más poder que aquél.

Y sí, “El Capital” debería reemplazar a la Biblia y al Corán, pero tengo entendido que también sus obras cumplen lo mismo para sus partidarios que, reconozcámoslo, son tan fanáticos los unos como los otros.
Estamos de acuerdo que sería necesaria una comunidad de hombres sometidos a la razón, que es una esperanza por ahora utópica.
Y eso significa que Ud, al decir eso, también la desea.

Bueno, desde donde estamos, podemos ver como sigue la historia. No tenemos apuro.

 

Freud (II)
Herr Marx: Ud. Me reprocha que considere una ilusión el desarraigo de las pulsiones agresivas del hombre y en otras partes hablo de sublimarlas.
Es así, no se puede desarraigar esas pulsiones agresivas, aunque se intente superarlas con sublimaciones que, como Ud. podrá observar no se logra a menudo.
Fíjese lo que ya decía en 1915 durante la Primera guerra Mundial: “la crueldad de que eran capaces Alemania y otros países civilizados. Y todavía yo no había visto lo que pude comprobar desde esta nube en la Segunda Guerra Mundial.
“Nuestro inconsciente es tan inaccesible a la representación de la muerte propia como deseoso de muerte contra el extraño, tan ambivalente hacia la persona amada como el hombre de los tiempos primitivos.”
Y con esto tenemos que manejarnos en nuestra vida consciente, porque “soportar la vida sigue siendo el primer deber de todo ser vivo.
Ud. Se empeña en cambiar las reglas de la existencia y convivencia de los hombres en el mundo, apoyándose si no me equivoco en sus tesis sobre Feuerbach, al afirmar que los filósofos han interpretado de varias maneras al mundo, pero lo que se trata es de cambiarlo.
Al respecto le voy a hacer una pequeña confidencia. En mi extrema juventud estudié filosofía con Franz Brentano. En aquel momento discutía con èl apoyándome en la concepción materialista del mundo de Feuerbach. Con esa sentencia Ud. lo refuta.
Más recientemente leí que otro alemán que ni Ud. ni yo llegamos a conocer: Berthold Brecht decía: La realidad es así, por eso hay que cambiarla”.
Aplaudo ese enfoque voluntarista aunque dudo mucho de su eficacia. Por lo que veo Herr Marx Ud. cree que es posible cambiar los sentimientos y afectos del hombre tal como se los describí y que vislumbra esa posibilidad a través de cambiar el mundo o sea las condiciones externas en las que se desenvuelven los hombres.
Tal cómo lo escribí en “Malestar en la cultura”: es indudable que una modificación objetiva de las relaciones del hombre con la propiedad privada sería en este sentido más eficaz que cualquier precepto ético; pero los socialistas malogran tan justo reconocimiento, desvalorizándolo en su realización al incurrir en un nuevo desconocimiento de la naturaleza humana”.
Yo creo que sin descartar del todo esa acción sobre el mundo, hay que ver què posibilidades existen de cambiar la actitud de los hombres, principalmente frente a la cultura.
Porque las frustraciones por la prohibición de algunas pulsiones impuestas por la cultura forman el núcleo de la hostilidad a la cultura. Esas pulsiones tan marcadas son el incesto, el canibalismo y el gusto de matar”. Todas o algunas de estas pulsiones pueden reaparecer según las circunstancias, como vio para el canibalismo en el accidente de aviación de la Cordillera de los Andes.
Ud. Me pregunta qué opinión me merece la proclamación de los derechos del niño a la vista del desamparo en que se encuentra la mayor parte de la infancia. Entonces, puedo ratificar justamente mi afirmación sobre la ambivalencia que integra la mentalidad de todos los seres humanos.
Deseamos conscientemente brindar a los niños todo el amor y ternura, porque en el fondo representan nuestro propio deseo de ser amado y cuidado, pero nuestras acciones revelan que siguen presentes las pulsiones de agresividad, de la búsqueda del placer a cualquier precio, en la medida que no puedan ser sublimadas.
No quisiera quedarme solamente con la visión de Marx imponiendo a sangre y fuego la revolución proletaria para tomar las riendas de los medios de producción y establecer la dictadura del proletariado que imponga la abolición de la propiedad privada en un estado socialista y que asiente las bases de una sociedad comunista universal.
Ni quedarme tampoco con esa sentencia de Albert Camus: ”Marx es justicia sin amor”.
Y como aquí el tiempo no pasa, igual que en el inconsciente tuve la posibilidad de leer a filósofos, psicoanalistas y sociólogos como Althusser, Fromm, Marcuse, que tratan de reivindicar los aspectos humanistas de Marx, centrando sus enfoques en su concepto de alienaciòn del hombre en su trabajo y en la sociedad, al Marx que proclama al hombre y sus libertades como fines en sí mismos.
Justamente un filósofo italiano, Rodolfo Mondolfo, escapado del fascismo, refugiado en las lejanas orillas del Rìo de la Plata publicó un libro “El humanismo de Marx” en 1964.
Como Ud. ve Herr Marx, buscamos respuestas al devenir del hombre, Ud. con un optimismo racional y yo con cierto escepticismo.

2ª respuesta de Marx (II)
Genial, con el Inconsciente se puede justificar todo y quitarles toda responsabilidad a los humanos que son los únicos culpables.
Pero que pueden ser educados (llámelo aprender a sublimar, si quiere).
La religión, los nacionalismos y la lucha de clases conducen indefectiblemente a la sin duda mayor ilustración del aspecto irracional del animal humano, supuestamente el más racional del planeta. Para vergüenza de la especie.
Qué pasaría si los niños, los adolescentes, los adultos y los ancianos, encuentran en todas las relaciones de este mundo, respeto, solidaridad, una verdadera justicia social como para provocar un auténtico orgullo por ser miembro de esta especie. Eso sería razonable. Y sería una educación muy distinta a la que hoy se les impone.
Es lógico que al contrastar la imagen de un niño al borde de la inanición, frente a un buitre que espera esa muerte para comerlo, al contrastarla con un superlujoso yate de unos 80 millones de dólares, la angustia se mezcla con el odio rindiéndose fácilmente a la supuesta verdad que la cultura humana transmite a los 4 vientos desde que la humanidad es tal:
¡Sálvese quién pueda y cómo pueda!

¿Qué sentimiento despierta ese contraste? Un miedo irracional que alienta a no pensar. No pensar en que tenemos alguna responsabilidad con nuestra especie. No pensar que somos culpables de ese horror. Que los nazis, a los que no dejan de exhibir como siniestros extraterrestres, no son tales, sino sólo lamentables seres humanos intoxicados con el odio y el miedo dando rienda suelta a ese aspecto diabólico que todos tenemos. Pero que podemos educar.
¡No! Que debemos educar.

Qué terrible que resulta frente a esa misma imagen del niño y el buitre, ver y escuchar los extraordinarios esfuerzos que se invierte para “salvar especies en extinción”.
Pero no se debe cuestionar el esfuerzo que la ciencia realiza para descubrir vida en otros planetas.
No es muy agradable comparar ese esfuerzo con el abandono en el que se encuentra la mayor parte de lo que se llega a definir como tercer mundo.
De acá se ve lo insólito del despilfarro en las rutas de entrada a las atestadas ciudades modernas que a su vez compiten con cuál de ellas luce el rascacielos más alto.
Sí, claro, estamos hablando ahora del Primer Mundo.
Donde es una vergüenza no poder lucir el coche más grande y ostentoso, junto a la casa con jardín y pileta.

Si esto no es una ilustración de la alienación humana, entonces tienen razón: No entiendo nada!!
Ya que, en mi alienación estoy seguro que una administración racional, justa, distribuyendo sus beneficios a toda la especie, sería lograr ese placer más seguro y duradero que Ud parece olvidar
haber sostenido alguna vez. Pero que hoy para Ud no es más que una ilusión.

Sí, hoy es una ilusión. Por su culpa, Freud, y de todos los que, como Ud, habiendo logrado un lugar llamativo en la cultura, que son escuchados por importantes sectores de la cultura, lo utilizan para, con su ejemplo, pretender el título de científico, muy preocupados por obtener un estado económico que les permita incluirse en la competencia económica y adquirir los fascinantes objetos que despierten la envidia de los vecinos.

Su secta psicoanalítica, ya que tuvo tantos adeptos, debería preocuparse más por la especie.
A los supuestos privilegiados, a los que aprendieron que la felicidad consiste en despertar envidia en los rezagados en el deporte de la ostentación, a los favorecidos que pudieron exhibir el producto de la explotación de los que se dejan explotar para sobrevivir, yo les pregunto:
¿Han alcanzado la felicidad?

He visto desde aquí algo sumamente interesante.
En no sé qué isla de Japón, decidieron construir un aeródromo. Es una zona sísmica y la isla se hunde muy lentamente.
Pues juntaron unos cuantos ingenieros que lograron lo insólito.
Al aeródromo lo cubrieron con una cúpula de vidrio.
Bueno, una vez construido, hubo un sismo de cierta intensidad.
Ningún vidrio se quebró.
Para compensar el lento hundimiento de la isla, montaron todo el aeródromo sobre mecanismos especiales que van compensando automáticamente el problema: a medida que la isla se hunde, el aeródromo se eleva.
Maravilloso.

La primera pregunta que surge es ¿A quién deberíamos convocar para que resuelvan el problema de nuestra convivencia?
¿Es realmente imposible resolver este problema enfocando a toda la especie?
No acepto esto.
Muchos problemas que parecían imposibles de resolver, fueron resueltos.
Un tal Joaquín Salvador Lavado, “filosóficamente” ilustra brillantemente como se enfoca hoy este problema

Pero ya es tiempo de dejar de estudiar al mundo. Sí, hay que cambiarlo.
No entiendo su ”confidencia”. Según ella, Ud se apoyaba en la concepción materialista de Feuerbach, con la cual, yo estoy muy de acuerdo. En lo que no estoy de acuerdo es en que se siga perdiendo el tiempo “estudiando” al mundo. No, hay que cambiarlo.

Estoy de acuerdo con Hegel en su concepción dialéctica de la realidad.
No estoy de acuerdo con la opinión idealista de Hegel y menos con su opinión sobre el gobierno prusiano. Eso fue superado por los “jóvenes hegelianos de izquierda” que, apoyándose en Feuerbach, cuestionaron todo lo que tenga que ver con la religión.
Tomé de Hegel la dialéctica y de Feuerbach, el materialismo.
A Feuerbach lo descubrí en Berlín, siendo miembro del “Doktorclub”, un grupo de estudiantes agrupados contra la religión. A los 19 años, mientras estudiaba Derecho. En 1837, 6 años después que murió Hegel.

Pero hay que pasar a la acción y dejar de elucubrar, intentando descubrir el sexo de los ángeles.
De acá no podemos hacer otra cosa. Ahí abajo (o, ahí arriba, porque no sabemos si estamos en el cielo o el infierno) hay que pasar a la acción.
Y no creo que quiera cambiar los sentimientos (¿acaso se puede?) sí hay que cambiar la dirección de los mismos. Cambiar el desprecio al prójimo por el respeto al mismo, es cambiar la conducta que uno puede tener con el vecino. El desprecio lo pueden orientar contra la religión y el nacionalismo, eso sería más útil.

 

TERCERA intervención de Freud (III)
En su respuesta Ud. considera que cargar la responsabilidad de la conducta humana al inconsciente es quitarle toda responsabilidad a los humanos que son los únicos culpables. Al mismo tiempo reconoce que los seres humanos tenemos “un aspecto diabólico que debemos educar”.
Es una manera de reconocer que los humanos tienen un aspecto racional y un aspecto diabólico que yo refiero a la esfera pulsional inconsciente.
Ud. afirma que la explotación del hombre por el hombre desaparecerá cuando entre otras cosas la educación termine con la alienación y el proletariado imponga la abolición de la propiedad privada para ir a una sociedad socialista y luego comunista universal. Ud. lo sintetiza diciendo: “es imposible frenar el avance de la historia hacia la plena libertad del hombre racional y solidario”.
¿Quién puede oponerse conscientemente a eso? Lamentablemente las actuaciones del hombre en el transcurso de la historia y en la actualidad, tal como lo vemos Ud. y yo desde estas nubes no lo confirma.
Ud. contesta mi observación que la doctrina marxista se ha transformado en algo tan dogmático como el Corán o la Biblia, exponiendo que mis obras psicoanalíticas se han transformado también en un nuevo catecismo, que recitan los psicoanalistas para sostener egoístamente una posición privilegiada en esta sociedad e inducir a las personas a incluirse y aceptar este mundo alienante.
Veamos si es tan así.
En estas mismas orillas del Rìo de la Plata en estos días de 2009, varios psicoanalistas argentinos publican un libro “A la izquierda de Freud” donde, a través de estudiar entre otros, a Fromm, Marcuse, Pichon Rivière, intentan dar una visión humanista del psicoanálisis que pueda neutralizar la alienación inducida por esta sociedad.
Por otro lado, en el otro extremo un sector de psicoanalistas, influenciado por la psicología del yo, promueve una adaptación a la ideología globalizada que profundiza la alienación de los hombres. Consideran que su objetivo, derivado de una reflexión mía es “transformar la neurosis en una aceptación de las incidencias de una vida común”.
Como Ud. ve Herr Marx, por izquierda o por derecha el psicoanálisis da para todo. A pesar de su creencia en el fanatismo y cerrazón de los psicoanalistas le señalo lo que ya decía yo en 1926: “El psicoanálisis jamás cierra la puerta a una nueva verdad. La vida cambia. El psicoanálisis también cambia…Estamos apenas en un comienzo. Yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.
Mi ser racional ha dicho públicamente que “el objetivo del hombre debe ser amor y trabajo”.
Si los hombres pueden cumplir esto y no alienarse en actuaciones provenientes de sus pulsiones lo veremos desde arriba.
Ud. Herr Marx ya decía en su Manifiesto Comunista de 1848 que “el libre desarrollo de cada hombre será condición del libre desarrollo de todos”. ¡Ojalá!
Su doctrina Herr Marx que quería ser realista y científica lo era sólo en la época de la religión de la ciencia, del evolucionismo darwiniano, de la máquina de vapor y de las locomotoras. 150 años después la ciencia se enfrenta con la relatividad de Einstein, el principio de incertidumbre de Heisenberg; la economía toma en cuenta el mundo de la red informática y de la producción atómica. ¿ Qué harán los hombres con esto?
Reconozco Herr Marx que la exigencia de justicia está en el fondo de su sueño. Esta es su verdadera grandeza. Por eso diferencio al Marx crítico lúcido de la sociedad del Marx mesiánico, que resultó un profeta fracasado.
Pero rescato también una frase suya que refuta a todos sus discípulos que proclaman que el fin justifica los medios.
Su grandeza y su humanidad se expresa en su sentencia: ”un objetivo que necesita medios injustos no es un objetivo justo” Y como siguen las plagas en la estructura de la sociedad siempre se necesitarán hombres como Ud. Marx para proponer remedios.

3ª respuesta de Marx (III)
Ud y yo no tenemos apuro. Podemos esperar que el cambio a una convivencia racional, a una racional administración del potencial humano, suceda. A pesar que Ud y su secta no hacen más que sabotear todo lo que pueden, al descalificar siquiera la posibilidad de un cambio que no puede dejar de producirse. La mayoría de la humanidad apoya este cambio porque las circunstancias lo reclaman.
Muchos, como Uds temen esos cambios.
Creo que ese temor es justificado. Porque no podrán soportar la dictadura de la razón. Tan enviciados están con la injusticia de la lucha de clases.
Las maravillas tecnológicas no hace mucho que están. Antes también parecían imposibles.
Ninguno de nosotros dos creía posible el avión (bueno, eso Ud lo debe haber llegado a conocer) la Internet, el trasbordador espacial. Y los robots de las fábricas automáticas. Ahora son realidades, no sólo fantasías.
Y le insisto: la “visión humanista” no alcanza. Hay que actuar: hay que cambiar esta alienación, o sea, la desesperación por la propiedad privada.
Las diferencias que señala en los fieles de su secta, también se dan en la mía.
La inteligencia humana fabrica argumentos que dan para todo.

No es suficiente “neutralizar” la alienación en la teoría.
Hay que cambiar las reglas del juego, pero en los hechos reales, no sólo en el discurso.
Sí, yo puedo ver poca o ninguna diferencia entre las distintas “parroquias” de su “iglesia”.
Y Ud seguramente encontrará lo mismo entre las mías.
Eso no es importante.
El resultado, los hechos, son los que interesan.

La cuestión se reduce a:
¿Alentamos y fomentamos que los humanos se adapten lo mejor que puedan a lo que hay?
o
¿Proponemos y realizamos un cambio serio en la cultura humana?