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"La guerra, una catástrofe cultural"

Manfredo Teicher

Buenos Aires. Mayo 2003. Mesa redonda La guerra y el psicoanálisis.

1.- Los humanos enfrentamos un eterno conflicto heredado de la filogenia: el deseo de usar al otro, cómo, cuándo y dónde se nos antoja; y la necesidad de convivir con él (que desea lo mismo). Como transacción dialéctica surgieron las normas culturales donde la prohibición del incesto y del homicidio pusieron las bases de una legislación que incluye en su motivación altos ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad. La historia de la humanidad obliga a pensar que estos ideales pretenden modificar una naturaleza que insiste en oponerse a que la utopía se concrete.

Tras millones de años, la vida se desarrolló de tal modo que produjo en la cumbre de su evolución al animal humano dotado de una inteligencia y de una habilidad que nos permitió desarrollar una asombrosa tecnología cuyo avance es incontenible, para bien y para mal.

Perseguimos ideales imposibles junto a instituciones sociales como las religiones y las nacionalidades, con las que mantenemos relaciones tan singulares que culminan en sacrificios humanos como la guerra y los genocidios.

Nos encontramos al comienzo del siglo XXI con un desastre ecológico cuya solución parece tan ilusoria como en su momento lo fue el socialismo y con un peligroso desarrollo de la ingeniería genética que es, a la vez, un magnífico ejemplo del potencial epistemofílico que la naturaleza nos ha otorgado.

La tecnología y la globalización que es uno de sus productos, profundiza dramáticamente la inevitable brecha entre los ricos y poderosos por un lado y los pobres y desamparados, por el otro.
Mientras la religión y los nacionalismos demuestran su vigencia, crece la desconfianza frente a la democracia, simple fachada de una realidad bien distinta a su significado teórico: ninguno de los supuestos gobiernos democráticos puede dejar de defender los intereses de la minoría que representa, a expensas de la mayoría. La prevención en salud mental debería iniciarse en el campo de la política pero en vista de lo que ésta realiza en la práctica concreta, no es de extrañar que la angustia, la frustración y la violencia, sea el producto de las fervientes promesas de un mañana tan hermoso como imposible.

2.- Una criatura al nacer se encuentra en un entorno hostil donde para sobrevivir, pretende que el mundo esté a su disposición incondicionalmente. No tolera la frustración. Luego habrá que educarlo para que pueda vivir en sociedad donde tendrá que conformarse con "portarse bien" para ser aceptado en los distintos grupos de pertenencia que la cultura pone a su disposición. Para su salud mental deberá poder integrarse en algunos de ellos.

3.- Esa criatura crece y buscará obtener todo el poder posible para someter a los demás a sus caprichos, invertir las reglas del juego a su favor, quizás como revancha por haber tenido que someterse al capricho de los adultos.

Con suficiente poder no es necesario "portarse bien" para ser aceptado.
Entonces competimos dentro del grupo y entre grupos por ese poder.

4.-Y un curioso mecanismo psicológico grupal pone un dramático acento en la convivencia social: Debo `portarme bien` para ser aceptado y para que el grupo pueda sobrevivir. Bien. Pero, como mal menor, vamos a recuperar el poder y los privilegios para el grupo de pertenencia. Y el beneficio secundario es el poder grupal que intimida mas que el sujeto aislado. Entonces, habrá solidaridad entre nosotros y ellos, los otros, los desgraciados de turno, serán los que no merecen la menor consideración. Los argumentos que la inteligencia humana se enorgullece en producir, serán los justificativos para que la violencia descargada contra ellos sea absolutamente racional y, por lo tanto, justificada. Este es el fenómeno social que Freud llamó "el narcisismo de las diferencias".

5.- Para ser humano, necesito que otro ser humano significativo me reconozca como tal. Así surgió la necesidad del grupo de pertenencia, en el que el control de los impulsos hostiles es imprescindible para que éste pueda subsistir.

El "narcisismo de las diferencias" pone nombre a un fenómeno social: la lucha de clases, el racismo, el nacionalismo, las religiones, los genocidios, etc. Proyectamos en el grupo de pertenencia las ilusiones narcisistas de omnipotencia y de inmortalidad que conforman un Yo ideal imposible, cuya frustración cierra un circulo vicioso acumulando más rabia a la que se forma por las frustraciones cotidianas inevitables, fomentando a su vez el desprecio o el impulso de matar al chivo emisario para el que la cultura permite canalizar impulsos prohibidos dentro del grupo. Al vil ser en que se ha convertido el desgraciado de turno ya no podemos considerarlo semejante, y así empiezan a resaltar las diferencias: sexo, credo religioso o político, color de piel, cultura, status social, origen geográfico, etc., etc. Sutiles argumentos de los que la inteligencia humana demuestra una capacidad de producción admirable, liberan a los miembros de la comunidad de la responsabilidad del control del poder destructivo contra sus semejantes que cometieron el crimen de poseer esas diferencias.

6.- Nuestra costumbre de disociar el bien del mal nos lleva a ver en la encrucijada distintas rutas separadas entre sí. Sin embargo, la historia muestra un conjunto muy heterogéneo donde todas las épocas mezclan situaciones creativas, productivas y felices con otras dramática y cruelmente destructivas. Lo que motiva pensar que esa es la regla: mientras algunos pueden disfrutar de lo positivo, otros deben sufrir lo negativo, en el mismo momento histórico y hasta en el mismo lugar geográfico.

7.-La moral, la ética de una justicia social son algunas de las privilegiadas contradicciones de la cultura humana, porque al descubrir el trabajo para construir su vivienda, al trabajar el campo, el hombre también descubrió la utilidad del esclavo. Así, la cultura creó ideales perversos: la esclavitud y el sometimiento del otro semejante, al igual que los argumentos que justifiquen, oculten o disfracen esas intenciones, licencias que la cultura debe tolerar.

8.- Si, teniendo los medios la humanidad no ha logrado una convivencia armónica, una distribución mas justa de las riquezas y una oportunidad igual para todos (y ni siquiera se vislumbra la posibilidad de que las consiga) debemos pensar que las motivaciones del ser humano están lejos de pretender esto. La realidad se muestra al observar la lucha de clases y la distribución internacional del trabajo que es una realidad muy lejana de los ideales que la humanidad culta dice defender. Tras el ideal oficial de libertad, igualdad y fraternidad se esconde el ideal perverso de poder para someter al desgraciado de turno.

Estos dobles mensajes culturales son recibidos por todas las criaturas durante el proceso de identificación al formar su Ideal del Yo y la familia es un intermediario de la cultura que impone el status de sublimación a los actos que lo obedecen.

Mientras en un lugar y en un momento de la historia la violencia y la crueldad se presenta en toda su crudeza, al mismo tiempo, en otro lugar hay una comunidad que vive en armoniosa paz y prosperidad. El caldo de cultivo social ha creado tanto a Beethoven como a Hitler. Tanto a Freud como a Jack el destripador.

9.- El desarrollo tecnológico podría deparar una era de increíble bienestar a la especie, pero la globalización, que es un producto posible gracias a esa tecnología, profundiza la miseria y causa un desastre en la ecología del planeta que pone en peligro a sus privilegiados habitantes.

10.- Hay una amarga realidad que dice que cada uno de nosotros alberga en el fondo de su "alma" un enano fascista. Eso en el mejor de los casos (que esté reprimido en su Inconsciente). Porque mientras todos luchamos para tener suficiente poder (por lo menos, sobre algunos) somos "buenas personas" mientras no tenemos ese poder. Pero en cuanto logramos el poder, pobre de los que, por cualquier razón, están sometidos a ese poder.

Me han convencido que Bush, Saddam Hussein, Khadafi, Hitler, Stalin, Galtieri, Sharon, Arafat, los que dirigen el Ku-Klux-Klan, los que masacraron a los indios (en el Norte y en el Sur) los que esclavizaron al Africa, los que mantienen a la mayoría en la pobreza indigente (pudiendo modificar esto si quisieran, fácilmente) y no olvidemos el circo romano, la inquisición, y todas las guerras que infectan la historia humana, ... bueno, me han convencido que ese es alguno de los resultados del abuso de poder en la especie humana. Y ninguno de estos seres humanos está lejos de ese lamentable don de crueldad que nos caracteriza, cuando el "enano fascista" sale a la superficie.

¡Qué difícil es aceptar que cualquiera puede convertirse en alguno de esos "villanos"!

Depende del lugar que su propia historia le otorga. Ni Bush, ni Saddam Hussein, ni Hitler, ni nadie podría hacer estos desastres sólo, sin un grupo que lo apoye.

Posiblemente duele menos pensar que fueron los alemanes, o los norteamericanos o "los otros" los malos. Yo, en cambio, soy bueno, jamás hubiese podido hacer algo de eso. De lo que es muy fácil autoconvencerse.

El nacionalismo y la religión, elementos irracionales de la cultura, son excelentes excusas para satisfacer aquél berrinche inevitable en la infancia pero tan cruel y dañino cuando logra su poder en los grupos adultos.
Quizás sea cierto que en el fondo ideológico de todo grupo de pertenencia esté la ilusión de SER o la raza superior o el pueblo elegido, o ambos.

Quizás sea conveniente aceptar que la locura humana que se manifiesta en los genocidios y en la guerra, y que la perversión humana que se manifiesta en la lucha de clases que toda sociedad ilustra, sean productos inevitables de nuestra condición humana.

Las manifestaciones por la paz ahora brotan por doquier. Si se pretende la paz, ¿no sería necesario eliminar el servicio militar, las instituciones militares y toda la industria bélica?

Pero entonces ¿quién defendería la "soberanía nacional"?

En la guerra no hay que matar civiles, ancianos ni niños. O sea, hay que matar al resto.

Hay armas prohibidas, por lo tanto... hay otras permitidas.

Y parece que los que estaban en el frente de batalla eran la mayoría voluntarios, de ambos lados.

Conviene recordar que la hipocresía es necesaria para convivir y gracias a esa hipocresía la humanidad sobrevive, mal que bien.

¿Entonces, ....?

Mientras podamos ver en la TV o en el cine, o leer en los diarios, lo que algunos deben vivir,
o sea, mientras la suerte nos ayude, quizás deberíamos hacer caso a Gabriel García Márquez cuando dice:

¡No se preocupe, tenga miedo!