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"Françoise Dolto y la causa de los niños"

Elisabeth Roudinesco

Françoise Dolto fue y sigue siendo la figura más popular de la historia francesa del psicoanálisis. La memoria colectiva conserva aún el recuerdo de sus entrevistas televisivas durante los años 70 donde no empleaba un lenguaje tontito ni vulgar. Se expresaba con un francés muy tradicional para comentar, a través de las miles de cartas que recibía, los acontecimientos de la vida cotidiana: la escuela, las relaciones internas de la familia, las angustias, los deseos, las muertes, los nacimientos, etc.
        Dedicó toda su vida a los niños. Sin dar recetas, militaba para que se dirigieran a ellos como seres de lenguaje, instando a instalar una autoridad a partir de la fuerza de la palabra antes que sobre reglas disciplinarias. Se esforzaba en convencer a los padres y a los educadores de no mentir a los niños, ni sobre su origen ni sobre la sexualidad. Sus tomas de posiciones a favor de una pedagogía de masas, su adhesión iconoclasta a la fe cristiana y finalmente su cruzada, a partir de 1979, a favor de la creación de "casas verdes" dirigidas a recoger niños menores de 3 años acompañados con sus padres - transición hacia el ingreso al jardín de infantes- la transformaron en un personaje fuera de todo maniqueísmo. Sin embargo, fue aborrecida por detractores estúpidos, que la hicieron responsable en vida y post mortem de una disminución de los valores de la potestad parental y escolar, hasta de la crisis de los adolescentes de los suburbios. En cuanto a sus idólatras, hasta hoy la santifican y dan de ella una imagen que no corresponde a lo que fue.
         Nacida el 6 de noviembre de 1908, creció en una familia de ingenieros elitistas y de militares impregnados de las ideas monárquicas y xenófobas de Charles Mauras y de su diario de extrema derecha "L´action française". Se le enseñó que los niños nacen en cajas enviadas a la tierra por el Sagrado Corazón de Jesús, que la sexualidad era repugnante, que los alemanes, los negros y los judíos eran los enemigos de la patria y que las mujeres tenían por único destino de pasar del estado de virgen al de madre sin tener derecho a acceder a una actividad profesional o intelectual.
         Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, siendo aún niña, se consideró como la novia de su tío materno capitán, quien murió en el frente en julio de 1916. Sostenida por sus padres, se vio como una viuda de la guerra, incapaz de hacer el duelo de ese primer amor. Sin duda, en ese episodio puede encontrarse la génesis de su revuelta de 1949 contra una ideología, bastante difundida en los medios cristianos, según la cual las viudas de la guerra debían permanecer fieles en cuerpo y alma al marido fallecido.
         Se encontró en una situación de desesperanza, en una etapa de la vida donde hubiera podido resplandecer. Otro acontecimiento contribuyó a empeorar su desgracia: la muerte de su hermana mayor, en 1920, por un cáncer óseo.

Su madre no pudo superar un estado depresivo surgido a continuación de un episodio delirante agudo. Con semejante educación y al lado de esta madre cariñosa pero depresiva, Françoise, presa de pulsiones violentas, no conseguía mantener una relación con un hombre, ni a construirse una identidad.
         Para todas las mujeres de esa generación, deseosas de emanciparse, distintas vías eran posibles al comienzo de los años 30: el compromiso político, la escritura, el feminismo, el socialismo, el psicoanálisis o el acceso a un oficio, por lo tanto a cierta autonomía. Este último camino fue el elegido por Françoise al iniciar los estudios de medicina, a pesar de la oposición de su familia. Quería ser "médica educadora", tanto para curar sus sufrimientos como para no repetir los errores cometidos por sus padres. Descubrió la aventura del freudismo francés con René Laforgue, fundador junto con Edouard Pichon y Marie Bonaparte de la Société Psychanalytique de Paris (SPP, 1926). Su terapia con Laforgue le permitió llegar a ser otra mujer y a salir de su encierro mortífero. Se desprendió de los prejuicios de su medio al conocer otra cultura: el psicoanálisis. Su inaudita facultad de escucha de los niños la descubrió con Edouard Pichon, su segundo maestro, pediatra, también de extrema derecha, antiDreyfuss y autor junto con su tío Damourette de una famosa gramática francesa descriptiva: Desde las palabras hasta el pensamiento.
         En esa época dos corrientes se enfrentaban dentro de la Internacional Psychoanalytical Association (IPA), fundada por Freud en 1910: la escuela vienesa representada por Anna Freud y la escuela inglesa dirigida por Melanie Klein. Dos mujeres, jefas de escuela, ya que al comienzo se atribuyó a las mujeres el papel de analizar a los niños, después que Freud en 1908 llevó a cabo el primer análisis infantil con Herbert Graf de 5 años.
         Para los annafreudianos y para Freud mismo, el análisis de un niño no debía empezar antes de los 4 años, ni ser dirigido por el terapeuta directamente sino por un pariente considerado protector, en general por el padre. Para los kleinianos, por el contrario, debía suprimirse las barreras que impedían al psicoanalista  acceder al inconsciente del niño desde muy chico (a  los 2 ó 3 años). Si bien Freud fue el primero en descubrir dentro del adulto el niño reprimido, Melanie Klein, por su interés con los vínculos arcaicos con la madre, fue la verdadera iniciadora del psicoanálisis infantil. Inventó un dispositivo que permitía al niño expresarse y fuera retomado después por todos los clínicos de la escuela inglesa, particularmente por Donald Winnicott: plastilina, juguetes, pelotas, bolitas, tijeras, pinceles, lápices, muebles adecuados, etc. Después de la emigración de Anna Freud a Inglaterra en 1938, kleinianos y annafreudianos al mismo tiempo que se enfrentaban, fueron los impulsores de un desarrollo mundial del enfoque psicoanalítico con los niños que se propagó al saber psiquiátrico y a la psiquiatría infantil durante décadas.
         Sin ser kleiniana ni annafreudiana, Françoise Dolto inventó en forma
solitaria un método psicoanalítico infantil, basado en la capacidad del terapeuta en traducir el lenguaje infantil. Expuso sus principios en 1939 en su tesis de medicina Psicoanálisis y Pediatría con diez y seis casos, donde evitó usar un lenguaje sabio y pudo hablar libremente de pis en la cama o de caca en la bombacha. En su terapia utilizaba las mismas palabras que el niño para significarle sus propios pensamientos como el aspecto de una realidad.
         En 1938 se encontró con Jacques Lacan a quien siguió a lo largo de toda su carrera. Tomó de él sus conceptos pero apropiandóselos de manera personal. Así, al inspirarse en el estadio del espejo y en la imagen corporal propuesta por Paul Schilder, creó el término de imagen inconsciente del cuerpo para designar "la encarnación simbólica del sujeto deseante". Durante cuarenta años Lacan y Dolto figuraron como la pareja parental para generaciones de psicoanalistas franceses. En septiembre de 1940 inauguró en el Hospital Trousseau un servicio abierto para los analistas deseosos de formarse en la práctica del psicoanálisis de niños.
         Durante la Ocupación fue partidaria del Mariscal Pétain, sin adherir a la colaboración ni al antisemitismo. En 1942 se casó con un médico ruso emigrado que fundó un nuevo método de kinesioterapia.
         Después de la Segunda Guerra Mundial completó su técnica de juego con un objeto llamado "muñeca flor", de tallo recubierto con un paño verde y cabeza de margarita. Lo usaba como soporte para que el niño pudiera desprenderse de múltiples patologías. Esa palabra muñeca flor se hará tan famosa que se confundía con el objeto transicional de Winnicott.
         Mientras se desarrollaba bajo el impulso de Serge Lebovici y René Diatkin otra corriente de psiquiatría infantil, vinculada con la IPA y la SPP, con una mayor orientación médica e institucional, Dolto seguía con su enseñanza, formando numerosos alumnos y trabajando con Jenny Aubry que se ocupaba desde 1949 de niños separados, abandonado o internados.
         En 1963, junto con Lacan, fue excluida de la IPA y de la legitimidad freudiana. Se le atribuía una figura de gurú y hasta el gran Winnicott al mismo tiempo que le reconocía su genio le reprochaba tener demasiada influencia sobre sus alumnos y no observar las reglas ortodoxas del análisis didáctico. En ese momento, participó a la creación de la Escuela Freudiana de Paris (EFP, 1964-1980) donde prosiguió su trabajo con un Seminario que atrajo a muchos clínicos.
         Tres años más tarde, en ocasión de un coloquio sobre psicosis infantiles, organizado por Maud Mannoni - su alumna y amiga- presentó el caso Dominique, publicado posteriormente y transformado en clásico. En ese caso relataba las doce sesiones de una adolescenta de 14 años tratada por ella y agregaba comentarios conmovedores.
         Ya célebre y rodeada de discípulos, Françoise Dolto fue entrevistada en 1977 por Gérard Séverin, quien le pidió que se expresara sobre la religión. Dolto propuso entonces una lectura llamada "psicoanalítica" de los Evangelios. Esto la
llevó a dar un significado espiritualista a la cuestión del deseo, concebido como una trascendencia humanista. A través de la encarnación y la resurrección, por la crucifixión que lo llevaba a salir de una "placenta" y de un mundo uterino para acceder a la vida eterna, el Cristo, según ella, se transformaba en la metáfora misma del deseo para guiar el hombre desde el nacimiento hasta la muerte, en una permanente búsqueda de su identidad.
         En 1981 retomó el diálogo para "someter la fe al riesgo del psicoanálisis". Afirmó que "Freud no hubiera inventado nada si se hubiera reducido a la religión judía". Después de haber interpretado el ateismo de Freud como un rechazo del judaísmo, en 1986 lo consideró "un profeta de la Biblia" y estigmatizó la violencia antirreligiosa expresada en 1927 en "El porvenir de una ilusión".
         Los diálogos sobre la fe y los Evangelios fueron criticados con mucha razón,  tanto por los cristianos como por los teólogos y psicoanalistas. Unos le reprocharon una exégesis psicologisante de los textos sagrados, otros vieron de una manera hostil esa tentativa de cristianización del psicoanálisis.
         Dolto no tuvo sólo ese compromiso. Aunque ajena a toda posición política, igual en 1977 luchó por la despenalización de la homosexualidad y por una revisión del código penal con respecto a la sexualidad de los menores. En ese momento se la calificó de ultraizquierdista por la extrema derecha, y por sus enemigos de pedófila. Ahora, toda esta polémica parece algo tan lejano…

Cien años después del nacimiento de Françoise Dolto, los niños, los padres y los adolescentes de Francia deberían recordar, más allá de toda crítica, todo lo que deben, no sólo a los pioneros del psicoanálisis de niños, sino también a esta mujer fuera de lo común que supo encontrar las palabras adecuadas para la difusión del pensamiento freudiano. Gracias a su palabra ampliamente mediatizada, se sabe hoy, mejor que antes, que el amor y la buena educación no bastan para transformar un niño en un adulto esclarecido por la razón, como lo pensaban los filósofos de las Luces, convencidos que el niño sería un adulto en miniatura. En efecto, para conseguir una educación lograda, hay que reconocer que los valores transmitidos, aunque sean los más nobles, corren el riesgo de transformarse en lo contrario si el que los transmite no escucha el deseo inconsciente del niño.