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Mesa redonda "EL PSICOANALISIS AYER, HOY", Con Pacho O´Donnell, Rafael Paz, Andrés Rascovsky

MUSEO ROCA - 29 de noviembre de 2007

María Inés Rodríguez Aguilar, Directora del Museo Roca
         Siempre reitero la misma pregunta ¿Porqué la historia del psicoanálisis en un espacio como un museo? Porque tiene que ver con que la trama cultural se construye con sujetos y si alguien recupera su autenticidad y despliega su dimensión como sujeto de la historia es gracias al psicoanálisis que día a día ha hecho esfuerzos constantes desde muchos lugares para que se reconozca al individuo como sujeto.
         Este psicoanálisis que también se nutre de las dificultades cuando uno quiere pensar cómo fueron los cánones histórico-culturales en el período del siglo XX. Sería imposible tener una relación entre sujeto, historia y memoria social sin la herramienta que el psicoanálisis brinda.
         La humanidad, a partir de la década de 1950, ganó un lugar en el relato de la trama histórica, recuperando a todos los actores que intervienen en la construcción de una historia local, regional, institucional. Por eso siempre estoy muy agradecida a las posibilidades que brinda esta institución que yo presido y a todos ustedes que siempre nos acompañan. Espero que el año que viene sigamos esta muy buena y fecunda relación.

Gilda Sabsay Foks: Yo quiero fundamentalmente agradecer a María Inés Rodríguez Aguilar su generosidad, su acompañamiento en todos estos años que trabaja esta Asociación y que éste sea nuestro espacio desde hace once años.
         Esta es la última reunión de este año. Andrés Rascovsky ya ha venido varias veces, pero Pacho O´Donnell y Rafael Paz, que gentilmente han aceptado la invitación, están entre nosotros por primera vez.
         En cuanto a hablarles de cada uno, Pacho es fundamentalmente un escritor y es así como desea ser presentado; Rafael Paz es un psicoanalista que ha tenido muchas actividades políticas en derechos humanos y es un muy prestigioso psicoanalista de nuestro medio y miembro fundador de la asociación más nueva, la Sociedad Argentina de Psicoanálisis. Andrés, para mí es Andresito porque lo conozco de chiquito, ha hecho todo lo que uno puede hacer científicamente dentro y fuera de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
         Así que los tres, cada uno desde su perspectiva, van a hablar sobre este título, Psicoanálisis ayer, hoy. Cuando invité por teléfono a Rafael agregó y siempre, lo cual me gustó mucho, porque fue muy acertado. Para muchos de nosotros es siempre. Pero ese siempre puede tener cambios, mejores o peores. Supongo que un historiador debe pensar que cada nueva época es efecto de la anterior. El campo psicoanalítico también debe estar en la historia con todos sus efectos. Y los efectos que nosotros tratamos de comprender son el hoy y, tal vez, el mañana.
         Los dejo con los disertantes y, si les parece bien, lo hacemos por orden alfabético

Pacho O´Donnell:
         Muchas gracias por esta invitación y por estar acompañado por Rafael y Andrés.
         Yo les tengo que contar que me he dado de trompicones con el título, porque cuando Gilda me llamó por teléfono yo entendí que la invitación era por historia y psicoanálisis. Después me dijo que era historia del psicoanálisis y ahora me doy cuenta que se trata del psicoanálisis ayer y hoy. Mi fallido sobre historia y psicoanálisis se debe quizás a que creo que no se pueden trasponer los conceptos psicoanalíticos para entender y explicar otros campos. Entonces voy a hacer una reflexión bastante simple que después posiblemente podrán ustedes completarla o llevarla adelante
         Pensé ¿qué se junta aquí en la historia y el psicoanálisis? De alguna manera cuando Freud hace su descripción, mejor dicho su aproximación descriptiva, define al psicoanálisis como aquello que tiene como finalidad rellenar las huellas mnémicas, es decir aquello que falta, las ausencias por represión o encubiertas por otros recuerdos desviados. Eso me aproximó, como van a ver a la historia. Ahí es donde parece que se articula en mí con el texto histórico. Debe ser algo de mi propia historia, porque partiendo de la idea del discurso que estructura a una nación organizada, a un pueblo organizado, a una sociedad organizada como nación, pienso que en el relato histórico también hay ausencias, tergiversaciones que también, seguramente, provocan consecuencias. Quizás no es banal meterse por allí porque sabemos que en la Argentina es reconocida su llamada organización imaginaria, porosa y contradictoria que determina una identidad confusional. Hay algo que solemos decir, que la Argentina tiene una identidad débil, que la ha hecho muy propicia al avasallamiento por los aspectos negativos de la globalización.
         Entonces en mi relato voy a retroceder unos años y contarles que cuando me desempeñaba como embajador en Bolivia, tuve tiempo de acceder a un material historiográfico muy rico de los historiadores de ese país que hablaba de nuestra  propia historia. Ustedes saben, Bolivia era el Alto Perú durante la época del Virreinato y durante la época de la Indepen dencia. Ahí, en ese territorio fue donde se libraron la mayoría de las batallas: Sipe Sipe, Vilcapugio, Ayohuma, La Paz; todas se libraron en el Alto Perú.
         Al leer estos historiadores, cuya trascendencia era ya mínima por la debilidad de la industria editorial boliviana, me encontraba con una serie de personajes, personalidades, circunstancias que no me habían sido enseñados o mostrados en la historia nuestra. Estos fragmentos me divertían, me indignaban, me sorprendían y de acuerdo con una costumbre mía los recortaba, los copiaba y los iba guardando en un cajón.
         El tema es que un día ante el reclamo insistente de mi editorial, recuerdo que una noche los tiré todos al piso, vacié el cajón y les di una cierta organización, precaria pero que permitía tener una especie de orden, que para mí era bastante excéntrica pero que se publicó y se transformó en un éxito editorial importante: fue El grito sagrado que vendió como ciento cincuenta mil ejemplares y sigue vivo en las librerías.
         Ahí yo me di cuenta de lo que había hecho sin saber: entendí que lo que la historia oficial había dejado de lado no todo era de buena fe, por olvido o por pereza, sino que era intencional. Es decir que nuestra historia oficial es una historia escrita tendenciosamente por razones de conveniencia política. Ello me encolumnó con el revisionismo histórico, sentí que era heredero y debía responder al revisionismo histórico de Pepe Rosa, del colorado Ramos, de Jauretche, de Scalabrini. Lo que se llama revisionismo histórico peronista, es decir nacional y popular, relacionado también con la izquierda. También me fue claro en su momento las huellas que habían dejado en mí las conversaciones con José María Rosa, Pepe Rosa que, sin duda, es la columna vertebral de esta orientación historiográfica. Me había citado con frecuencia en su casa que eran los restos de la Aduana de Maldonado. Ahí en uno de los extremos de La Barra, antes de que fuera el lugar fashion que es ahora. Para mí son imborrables los recuerdos de aquellas charlas con este hombre sabio, de barba blanca, con una pipa eterna en sus labios y el río…las olas que golpeaban ahí, a los pies de donde nosotros estábamos.
         El revisionismo, aunque sea redundante decirlo, se propone revisar la historia oficial, devolverle a la historia que siempre nos contaron, aquello que le falta, que le sobra, lo distorsionado, lo deformado.
         ¿Qué es la historia oficial? Es la que escribieron los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX y su espíritu no pudo sino reproducir la ideología oligárquica, porteñista, liberal en lo económico, autoritaria en lo político, antihispánica y anticriollo. De aquéllos cuyo proyecto de país estaba resumido en un dilema expresado por su máximo vocero, Sarmiento, que planteó el dilema de civilización (para él civilización era todo lo europeo y sus reflejos en Buenos Aires con los porteños) y la barbarie, que era lo criollo y lo provincial.
         Los vencedores de la guerra civil y de la organización nacional estaban convencidos del país que querían y lo llevaron para adelante sin reparar en medios, fuesen estos pacíficos o violentos. La idea de ellos era una sociedad a imagen y semejanza de las naciones poderosas de la época y copiaron sus instituciones en cartas magnas, sin reparar en que ello correspondía a circunstancias e idiosincrasias que eran radicalmente opuestas a las nuestras.
         Para hablar de ellos habría que explicarnos quienes formaban la clase dirigente. Para ellos la clase dirigente se configuraba con Buenos Aires, la extensión de la pampa húmeda que penetraba en Córdoba, en Santa Fe, en el Litoral y no mucho más que eso.
         Tengan presente que nuestra clase dirigente pensaba, actuaba como británicos, aún incorporando creencias culturales francesas. Luego aparecerá también otra realidad que fue creciendo en el mundo entero: Estados Unidos de Norteamérica. Para los vencedores de Caseros, Cepeda, Pavón y la guerra de la Triple Alianza, porque las guerras civiles en realidad se extienden has la Triple Alianza, civilizar fue desnacionalizar.
         Lo que produce esta distorsión de nuestra identidad profunda, aunque sea comprensible el querer incorporar el progreso europeo, es que no se hizo ningún esfuerzo para articularlo con lo propio. Sus ideólogos, en especial Sarmiento y Alberdi, bregaron por la transformación de la Argentina en lo que no era. Para ellos la Argentina era Buenos Aires y algo más que consideraron que debía ser como concepto de civilización. Pero debieron enfrentar un problema: la chusma, la plebe, los sectores populares no servían para ese plan, para ese proyecto. No olvidaban que contra ellos habían combatido en los largos años de las guerras civiles los gauchos, los indios, los mulatos, los orilleros. Estos habían sido en su mayoría leales a quienes representaron sus intereses, los intereses populares y los provinciales: Artigas, Dorrego, Rosas, Ramírez, Peñaloza, Felipe Varela, desde ya enterrados por la historia oficial y de finales trágicos.
         Decíamos: Freud definió el trabajo psicoanalítico como llenar las lagunas mnémicas, con lo reprimido vuelto inconsciente. Eso, si me perdonan tan grosera traspolación, lo quiero hacer en los términos más simples posibles porque no pretendo hacer de esto una teoría, no es tarea de mi profesión, es la tarea del revisionismo histórico en lo que hace a la textualidad que sostiene el discurso social, reescrito de alguna manera. Hay que devolver al discurso histórico lo que sostiene la otra parte, la que fue escamoteada, oscurecida o tergiversada por razones políticas que siempre encubrieron y encubren intereses económicos.
         Me gustaría pasar a dar algún ejemplo, para ver cómo un hecho se puede contar de maneras antagónicas y cómo esas maneras antagónicas no son banales.
         ¿Cuándo por primera vez una niña o niño argentino entra en contacto con los sectores populares, con los "cabecitas negras"? Recordemos que si las cabecitas son negras es porque son las cabecitas de los indios, de los herederos de nuestros americanos, de esos habitantes de América. El primer contacto que tenemos es cuando llega Solís con su expedición buscando un paso entre los dos océanos. Desembarcan y nos cuentan que se abalanzan sobre ellos fieras en forma de hombres, los matan y encima se los comen. Con esos conquistadores nos identificamos porque eran blancos, europeos, religiosos, etc. Ese es el primer contacto que se nota con nuestros sectores populares. Borges dirá el sitio …donde ayunó Juan Díaz/ y los indios comieron... es la misma versión.
         ¿Qué pasa si esto lo colocamos de otra manera, y esto no es banal? Que los querandíes o quienes fueron , resultaron mucho más lúcidos que los aztecas y los incas. Porque en vez de creer, como los aztecas, que eran dioses o en vez de confundirse como los incas que estaban más ocupados en la guerra civil entre Atahualpa y Huascar que vérselas con estos intrusos, pronunciaron la palabra absoluta y lúcida son enemigos y los trataron como enemigos. Fíjense cómo cambia, y no banalmente, la significación del hecho y cómo lo que aparece jerarquizado son distintas posturas, distintas posiciones. Lo primero es la postura desde el amo. Por supuesto cuando se dice indios seguimos designándolos desde la equivocación del amo que no corrigió esa equivocación, como si Colón hubiese llegado a las Indias.
         Por supuesto el tema del canibalismo es falso. Nunca se demostró canibalismo en esta región y sí en muy pocas regiones de América. Pero era la justificación que llevaba en ese momento el Imperio. Ustedes saben que los imperios siempre invaden por razones altruistas y civilizadoras. De alguna manera había que dar una imagen de una sociedad absolutamente atrasada a la cual había que llevarle los beneficios de la civilización.
         Voy a dar otro ejemplo donde voy a tomar partido para mostrar algo de la historia oficial. ¿Qué significa la connotación positiva de Rivadavia? Aclamado por Mitre como la personalidad civil más importante que había nacido en la Argentina…un adelantado a su tiempo. A Rivadavia le hemos dado la avenida más larga del mundo, no sólo eso sino que bautiza las calles de la Capital de un lado y de otro. ¿Quién era Rivadavia? ¿Porqué se lo jerarquiza? Porque la jerarquización de Rivadavia significa la legitimación del proyecto de país que vino después. Legitimar a Rivadavia es legitimar su extremado porteñismo , donde volcaba toda su dedicación. Cuando vuelve del exilio en Inglaterra su obstinación es transformar a Buenos Aires en una ciudad europea, con su universidad, la iluminación a gas, el empedrado, a costa de olvidar completamente a las provincias y de dejar a su merced al Ejército de los Andes y a San Martín en Lima. Por lo cual el supuesto misterio de Guayaquil en realidad descubre el hecho de que Rivadavia apostaba al fracaso de San Martín. Fue el culpable fundamental de que San Martín llegue hasta Guayaquil en posición de extrema debilidad ante Bolívar.
         Legitimar a Rivadavia es también legitimar su subordinación a la potencia de turno o sea Rivadavia es un hombre absolutamente sujeto a los intereses británicos, llegando al extremo de que, a pesar que las tropas argentinas habían vencido en Ituzaingó y la armada de Brown había triunfado en Juncal, entrega ante la escribanía del embajador británico, la Banda Oriental al Brasil que la incorpora como Provincia Cisplatina. Esto por supuesto provocó el escándalo que determinó su caída del gobierno.
         Legitimar a Rivadavia es también legitimar la confusión entre lo público y lo privado, porque Rivadavia, al mismo tiempo que gobernaba omnímodamente en Buenos Aires y las provincias, era propietario de las minas de Famatina de la compañía Famatina Mining. Fue la principal denuncia de Dorrego en la Legislatura contra Rivadavia. Meses más tarde, Dorrego iba a pagar muy caro esa denuncia.
         El endeudamiento expoliatorio y venal del préstamo Baring también es legitimado por la exaltación de Rivadavia y a consecuencia todo lo que vino después, todos los endeudamientos posteriores ubicados dentro de una zona de formalidad.
         También Rivadavia es el pionero de la especulación financiera en el Banco de Descuento, que funda con Manuel García. Si uno estudia, como lo hizo Norberto Galasso, ese mecanismo especulativo se ve que es el mismo de hoy, pero con mecanismos muchísimos más sofisticados gracias a las técnicas informáticas.
         La exaltación de Rivadavia en algún momento le disputó a San Martín el título de héroe nacional. Hay que reconocerle a Mitre que, a pesar de sus disidencias con San Martín porque apoyó a Rosas, tuvo la inteligencia de coronar a San Martín como el héroe nacional.
         La exaltación de Rivadavia no es un tema banal. Ahora vamos a ver lo que es Sarmiento y la exaltación de la Generación del 80 que nos confunden con la idea de esa Argentina rica que supimos perder, cuando en realidad esa Argentina enriqueció a un sector de privilegiados que se sostenía sobre el fraude, sobre la represión, sobre la Ley de Residencia ( la ley de Miguel Cané) que permitía la expulsión de todo extranjero que hubiera cometido delito. Fundamentalmente estaba dirigida hacia esos extranjeros que pretendían armar sindicatos.
         O sea sin Rivadavia, no hubiera habido tan impunemente los Victorino de la Plaza, los Federico Pinedo, los Martínez de Hoz y los Domingo Cavallo.
         Un tema importante era cómo hacer la organización nacional prescindiendo de los sectores populares. Ahí aparecen las distintas interpretaciones de cómo tenía que ser la inmigración para habitar las zonas deshabitadas y también el color de la raza. Al respecto es interesante una expresión de Alberdi en Las Bases: hacer pasar el roto, el gaucho, el cholo, es decir el standard de nuestras masas populares por cien años del mejor sistema de instrucción no llegará a producir un hombre inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente. En términos de raza dice también: es utopía, sueño y paradojismo puro el pensar que nuestra raza hispanoamericana, tal como salió formada de ese tenebroso pasado colonial, pueda realizar hoy la república representativa.
         Para ver cómo se arma la organización de nuestra patria en función de una negación, de una expulsión de lo propio, de lo criollo voy a transmitir algunos conceptos del considerado como vocero de la Organización Nacional, un hombre integrado a Buenos Aires a pesar de ser provinciano, de haber nacido en San Juan, a quien a pesar de haber nacido junto a los Andes se le llamó El profeta de la pampa, Sarmiento.
         Transmito la opinión que tenía Sarmiento de los sectores populares. No trato de demoler a Sarmiento sino de mostrar la otra faz de Sarmiento, oculta por razones políticas. Revelar esa faz es una de las tareas del revisionismo. Sarmiento escribió: ¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia, sin poderlo remediar. Esas canallas no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen Lautaro y Caupolicán. Son unos indios piojosos, porque así son todos, incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe exterminar sin siquiera perdonar al pequeño que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado. Esto fue publicado en El Progreso y El Nacional. También dijo esa frase muy difundida: No trate de economizar sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano. Es un abono que es preciso hacer útil al país, esta sangre de esta chusma criolla incivil y bárbara y ruda es lo único que tenían de seres humanos.
         De los provincianos que seguían a los caudillos Sarmiento le escribe al coronel Sandes del Ejército Nacional: que se dedique a ocupar las provincias y desterrar el federalismo por las buenas y por las malas. Le escribe a Mitre que si el coronel Sandes mata gente en las provincias, cállese la boca, son animales bípedos de tan perversa condición que no sé que se obtenga con tratarlos mejor.
De hecho ese es el criterio con el que se hizo la Organización Nacional y con que se escribió nuestra historia.
         También están los olvidos. Por ejemplo la epopeya máxima de la Argentina es la batalla de la Vuelta de Obligado, sin embargo es un hecho absolutamente oscurecido. El otro día estuve en San Pedro, donde se libró la batalla, lugar totalmente abandonado, lleno de yuyos. La Vuelta de Obligado es la epopeya de la defensa de argentinas y argentinos contra el ataque de las dos potencias económicas y bélicas de la época, Francia e Inglaterra, que es como si nos atacaran hoy Estados Unidos e Inglaterra. Venían por los ríos interiores para poder entrar hasta el algodón paraguayo que necesitaban las sastrerías inglesas e independizar la Mesopotamia como un país aparte: Entre Ríos, Corrientes, Misiones y hacerse de las riquezas de la región. Fueron rechazados heroicamente. Pasó en la época de Rosas. Cuatro o cinco años atrás hubo un intento de la armada francesa con el apoyo de los unitarios. En ese momento hubo alguien que se ofreció para venir a combatir, a pesar de que en esa fecha tenía sesenta y cinco años, fue José de San Martín. Por eso le lega al morir su sable al Brigadier Juan Manuel de Rosas, hecho que la historia oficial no sabe dónde ubicar, aunque por ahí Sarmiento dice que San Martín estaba viejo en ese momento.
         Después dentro de las ausencias, las faltas que pueden producir, como dicen los psicoanalistas, síntomas, están los jefes populares desvalorizados por la historia elitista porteña: Artigas, el prócer uruguayo, Guëmes visto como el gauchito que defendió la frontera norte, Dorrego es el fusiladito, supuestamente fusilado por su derrota. Ellos representaron los intereses populares, defendiendo a los indios, repartiendo tierras, etc..
         Voy a volver a detenerme otra vez en Sarmiento. Dijo el 13 de septiembre de 1859. Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran, porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma, el mendigo es un insecto como la hormiga, recoge los desperdicios, de manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir a quien no puede vivir por sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad. Hijos de padres viciosos, no se les debe más que detener.
         Si éste es el vocero de la Organización Nacional, quiere decir que esa Organización se hizo con ese espíritu y la historia oficial no lo cuenta. Entonces hay una obligación historiográfica de recordar, volver a poner en la cuerda en encadenamiento que hace el discurso social de la Argentina.
         Por último voy a hablar del personaje más desconocido de la historia, San Martín. De él lo único que nos enseñan es fechas de batallas, nombres de batallas, nombres de los pasos de la cordillera, algunos de sus colaboradores y nada más. Lo que le mutilan a San Martín es su pensamiento, porque San Martín era un hombre de pensamiento, pero su pensamiento era antagónico a Buenos Aires. Tuvo una pésima relación con Buenos Aires por distintos motivos. Era un hombre de consignas muy populares. Por ejemplo, cuando gobierna en Lima, además de promover la abolición de la esclavitud, de la Inquisición, les da derechos a los indios, etc. Es un gobierno muy progresista, secundado por un personaje maravilloso que nuestra historia oficial no reconoce: Bernardo de Monteagudo, gran revolucionario. San Martín da, por ejemplo, un decreto por el cual prohibe llamar indios a los americanos. Dice: de aquí en adelante se les debe llamar peruanos. Ese era San Martín. Cruza la cordillera de los Andes con una biblioteca importante que es la base de la Biblioteca Nacional de Chile. Luego fundará la Biblioteca Nacional del Perú.
         ¿Cuál es el problema con Buenos Aires? Uno, es cuando no vuelve a Buenos Aires cuando Rondeau le pide pasar de vuelta la cordillera con todo el ejército para defender a Buenos Aires del ataque de los caudillos López y Ramírez. Por supuesto no vuelve y Buenos Aires no le perdonará nunca eso. También el hecho que San Martín tenía muy buen vínculo con los caudillos. Tan es así que cuando Bustos, un gran caudillo cordobés, convoca a una constitución distinta a la que está convocando Rivadavia en Buenos Aires, se habla de San Martín como jefe de gobierno. La cuestión es que San Martín es obligado a irse del país como lo cuentan las cartas a Guido, que recoge muy bien Patricia Pascuali, donde dice que lo amenazan, lo acosan, le abren las cartas y en el´24 parte a Europa. Según la historia oficial para educar a su hija y no vuelve nunca más.
         Cuando piensa en volver y se embarca es cuando Dorrego ha derrotado a Rivadavia. Al llegar a Brasil, Dorrego ha sido asesinado, entonces no baja en Buenos Aires y desembarca en Montevideo.
         San Martín es una figura sumamente interesante, su apoyo a Rosas le valió grandes enemigos, porque los vencedores fueron principalmente los vencedores de Rosas. Tan es así que sus restos vuelven recién después de treinta años, con ese hábito argentino de los cadáveres dando vueltas por el mundo. Como el de Evita, como el del Ché que alguna vez tendrá que volver al suelo de su patria.
         No me he atrevido, porque no estoy en condiciones de hacer homologaciones entre lo psicoanalítico y lo histórico pero sí quiero decir que, quizás desde mi deformación o formación profesional psicoanalítica, me animo a interpretar el revisionismo histórico como la necesidad de devolver a la historia natural la historia oficial que siempre nos han enseñado como la única posible. Devolver todo aquello que le ha sido retaceado, deformado, exagerado. Estoy convencido que eso no es una acción banal. Es así como en el ser humano la restitución de lo reprimido o de lo encubierto tiene un efecto positivo. Seguramente en el nivel del discurso social de nuestra patria también tendrá efecto positivo.
         Muchas gracias.

Dr. Rafael Paz: Muchas gracias por la invitación. La vida te da sorpresas ¿No? Porque yo estaba tranquilo partiendo de la idea de que no iba a surgir Juan Manuel de Rosas, pero apareció.
         Sobre el supuesto temático del psicoanálisis pensé que no iba a haber ningún tipo de roces. Pero pasan cosas curiosas en la política argentina. Hace un rato, en un contexto totalmente distinto, evocaba cosas de mi familia, de mi padre catamarqueño, la rama pobre de los ricos tucumanos Paz. Aclaro generalmente que vinieron hace más de cuatrocientos años para acá. Pensaba en la ventaja de los cabecitas negras que es la perdurabilidad del color oscuro en el pelo, lo cual es interesante estéticamente.
         Resulta que mi padre era historiador, trabajó en la Universidad de La Plata. Uno de los fantasmas de mi infancia es Juan Manuel de Rosas, porque era el jefe de los mazorqueros. Esa relación es lo que puede llevar a discutir con Pacho, aún sabiendo que lo quieren mucho.
          Pero surgió Rosas. Tomemos una cosa de lo señalado recién y es el carácter obvio, a esta altura, no cuando era chiquito, de la Historia como territorio y cómo la generación de conocimientos a partir de la Historia suscita y produce conocimientos. Por otro lado algo que dijo Pacho, la necesidad de tomar partido, que entre nosotros los marxistas es crucial: El tomar partido no quiere decir no escuchar la opinión del otro, el tratamiento de alternativas, el método autocrítico, el reconocimiento de errores, pequeños, medianos o descomunales que podemos haber cometido en lo personal o como parte de determinados colectivos.
         Hay una elíptica de la verdad, de la verdad no como sustancia sino de la verdad como proceso que puede aunar conocimientos bastante distintos y bastante dispares. Fíjense ustedes que, ya inclinado hacia el campo más específicamente nuestro, la cantidad de dispositivos conceptuales que Freud tiene que inventar al vérselas con una materia esquiva que es la reconstrucción de los verdaderos diseños de una singularidad sufriente. Por ejemplo, las categorías de la verdad histórica y verdad material, son dispositivos ad hoc  que tiene que inventar para ver cuál es la relación de lo verosímil que va desentrañando con lo efectivamente acontecido. Freud parte de una concepción totalmente ingenua de lo histórico, es decir llegar a la cosa, la ping freudiana. La cosa es también llegar a tocar como tocaba en la biología, etc. lo realmente acontecido, una situación traumática. Luego va reformulando que esa cosa tiene, un poco kantianamente, el sentido de una función. Que es una cosa inalcanzable pero que permite la acumulación de verosímiles parciales y cierto decantado. Eso es nuestra clínica, dicho desde esta perspectiva muy sintéticamente.
         Desde este punto de vista la clínica psicoanalítica tiene una condición histórica constitutiva esencial.
         Ahora bien, lo que nos convoca como temática oficial es el psicoanálisis ayer, hoy. Yo creo que tenemos que partir de una especie de asombro que la obviedad de lo instalado ocupa: la situación de un médico, inteligente, judío, que había alcanzado cierta notoriedad en el mundo académico, quien se pone a escuchar personas, personas sobre todo escasamente confiables, histéricas, en el contexto teóricamente poco confiable de la época, para desentrañar el sufrimiento en la medida en que se había llegado a un tope de lo que en la neurología solían saber y permitían conocer. Ese hombre inventa un método, que es escuchar a la enésima potenciación de la escucha, con el pequeño detalle de que la persona despierta estuviera en la plenitud de sus capacidades, ni dormida, ni sedada. En todo caso podemos decir más o menos sofisticadamente ahora, en una suerte de onirismo productivo de naturaleza permisiva.
         Este dispositivo tan pequeñito originado en ese rincón, ubicado con la visión imperial de la vastedad del mundo, ha tenido una perdurabilidad extraordinaria, en el sentido del asombro de cómo ese invento minúsculo en una apreciación empírica ha tenido tan extraordinario grado de potenciación de difusión, independientemente de la consistencia que se le asigne.
         El pensar es una inmensa construcción imaginaria como ahora suelen decir en La Nación distintos  invitados especiales en sus páginas, con honrosas excepciones. Pero evidentemente tiene una vigencia que implica un gran descubrimiento del cual todos todavía somos deudores.
         Después vinieron magos que se dedicaban al psicoanálisis aplicado, el psicoanálisis aplicado que cayó en una especie de frenesí desquiciado para interpretar todo
         Esto perduró en las generaciones pioneras de nuestro país. Lo veo en Garma y en Arnaldo Rascovsky, como se puede comprobar en los primeros números de la Revista de la APA, donde se publicaba muchos trabajos de psicoanálisis aplicado. Gente de esa generación me contaba que el entusiasmo interpretativo y el hallazgo de sentido individual y de sentidos conjuntos había llegado a tal punto que un grupo que se reunía en un restaurante de psicoanalistas ahí por Agüero y Santa Fe, habían estipulado una serie de castigos. De prendas.
         El que decía complejo de Edipo, supongamos, pagaba todo el almuerzo, el que decía represión pagaba la bebida y así sucesivamente. Porque estaban hartos de esa semántica que, en el fondo, expresaba un entusiasmo correspondiente a los comienzos. Ahora podemos decir, lo digo medio nostálgicamente, que ese entusiasmo se ha perdido. Después veremos porqué se ha perdido.         
         Creo que ahí confluyen elementos de prudencia y de lógica maduración en cuanto a lo potente del método y de este pasionismo abusivo, con cierto decaimiento en el ímpetu y en la credibilidad que asignamos a la posibilidad de la deutung, de introducirse interpretativamente. Yo dije deutung porque esa palabra en alemán sugiere la idea de que si algo es interpretado es porque es interpretable. Si es interpretable es porque ha sufrido interpretación. No sé si está claro.
         Nosotros vivimos cifrados, los seres humanos estamos cifrados, es decir que ya habido un ciframiento de nosotros y ciframiento dentro de nuestra propia interioridad por parte de nosotros mismos. De modo tal que la interpretación psicoanalítica se suma a una masa de interpretaciones de las cuales el otro es portador. Esto daría para mucho pero por el momento no nos conduce a la temática de la historia del psicoanálisis.
         Ahora bien, a partir de ese movimiento de expansión, con ese secreto de fecundidad, Freud necesita construir con las herramientas disponibles dispositivos explicativos ante la masa de sentidos y la masa de significaciones que tiene en la mano. Y realiza dos tareas fundamentales: en primer lugar utilizar lo que sea que le sirva. Alguien ha dicho de él -y también de Einstein- que era un explorador inescrupuloso en la medida que él tomaba lo que le servía para entender esa materia empíricamente nueva, la asociación libre, como la mente humana en expansión, cuando se le da cabida.
         Freud, por otro lado, enuncia ciertos núcleos de referencia, con núcleos teóricos que no son saturaciones de sentido sino repères, sería en francés, conjuntos de reparo, conjuntos de recalada que enhebren la marcha del orden emocional y de significancias que se ponen en movimiento en el proceso del análisis. Y ésta es la teoría del análisis.
         Traigo esto a colación por lo siguiente, porque cuando hablamos de psicoanálisis, psicoanálisis ayer y hoy, se suscita con facilidad una confusión que da lugar, frecuentemente en las instituciones psicoanalíticas, con respecto a qué es el psicoanálisis ¿una terapia, una formación cultural, o según una nomenclatura conceptual más sofisticada, todo un complejo estructurado? ¿Qué quiere decir esto? Que si hablamos de psicoanálisis tenemos que diferenciar a qué nos referimos. De la historia del psicoanálisis, de las vicisitudes del psicoanálisis y de las transformaciones tenemos que diferenciar, por ejemplo, un núcleo fuertísimo que es el que cultivamos en las sociedades psicoanalíticas: la artesanía psicoanalítica, la clínica, la forma de transmisión de la clínica, la teoría del padecer y la teoría del psiquismo, dicho así de manera muy sucinta.
         Al mismo tiempo esa incursión en la cultura no es solamente una incursión de tipo lingüístico descifrativo, sino que ha sido activa en el sentido de suscitar valores. Es obvio, a esta altura de la vida, la influencia del psicoanálisis en la crianza de los niños. Podría citar muchos otros ejemplos: la vida sexual, la vida amorosa en general, la manera de tratar a los chicos en la escuela, a la escucha generalizada como una actitud ponderada y valiosa.
         Con eso nomás ya  nos encontramos con que hay un ingrediente preformativo, es decir que impulsa a la acción del conocimiento analítico y que no puede dejar indiferente. Desde este punto de vista, el psicoanálisis ayer, hoy y como le dije cuando me llamó por teléfono Gilda, y también mañana, un poco en broma pero profundamente en serio, porque ya hay una implantación inexorable del psicoanálisis en la cultura.
         El otro punto, si lo definimos como el núcleo clave de las instituciones psicoanalíticas, es la transmisión de lo artesanal, el cultivo de la teoría específicamente analítica y de su crítica. Lógicamente se nos ha ido de las manos. Un error que a veces el psicoanálisis institucional suele cometer es el intentar cuidar los despliegues del psicoanálisis más allá del territorio propio de su tarea y del núcleo de su tarea.
         Desde ese punto de vista asistimos a la paradoja, valiosa como muchas cosas en el desarrollo humano, de que en el mismo momento en que se realizan avances en el campo histórico y en el campo social los detentadores del núcleo primigenio, del núcleo originario pierden el control sobre ese aspecto y entonces aparecen una serie de maniobras desesperadas o coercitivas con el objetivo de contenerlo.
         Esto a mí me parece crucial de sostener, estoy convencido de eso y es que los procesos de transformación dejan un lugar esencial a las instituciones analíticas que, a mi juicio no puede ser resignado a la estructura universitaria. Esto no quiere decir que el psicoanálisis no tenga cabida en la universidad pero, en modo análogo a como lo tiene azarosamente y fecundamente en otros ámbitos de la cultura , es bueno que Medicina y Psicología se impregnen psicoanalíticamente. Pero el lugar de transmisión para una formación es la institución psicoanalítica por su contexto de artesanado, de filiación tan peculiar como es de analizado-analista, analista-analizado. Todo eso se refiere a un recambio metafórico muy particular, con un cuidado muy particular en la transmisión de los valores que allí se juegan. Eso no es diluible para mí en ninguna otra institución, aunque se vea beneficiada por una impregnación psicoanalítica que a su vez pueda influir naturalmente sobre la institución analítica.
         Hay una cuestión además, que es el fenómeno fantástico en la historia de la cultura de nuestro país del implante de algo nacido en esa capital centroeuropea tan peculiar, Viena. Ese implante, ese desarrollo y esa fecundación identificada es realmente algo muy peculiar. Si por supuesto entendemos que esto va mucho más allá de la Avenida General Paz. Personalmente yo he sido fundador de los centros de estudios psicoanalíticos de Rosario y en Córdoba, en la década del 70.
         Fue con una característica especial pues fue en un momento de oscurantismo dominante en la universidad oficial con la presencia de dos dictaduras en el escenario político argentino.
         Ahí el psicoanálisis se inserta generando uno de los núcleos del pensamiento crítico, laico, interrogación sistemática acerca de los productos culturales en un momento de cierre, relativo por supuesto, con una heterogeneidad y una potencialidad enormes. De modo tal que hay una natural fecundación de algo esperable. Esa es la teoría del ajuar, que en algún momento alguien recibe lo que está esperando y ese alguien llega.
         La función movilizadora que le cupo al psicoanálisis en la salud mental fue motivo de equívocos. Uno de los equívocos es que en otros países no necesariamente ha ocurrido así. En Inglaterra, por ejemplo, tuvieron psiquiatras de cabeza abierta que transformaron la salud mental. En la Argentina hubo una imbricación histórica a esta altura de las circunstancias. La presencia y obra de Mauricio Goldemberg muestra claramente la legitimación de la escucha, la dignificación en acto de los enfermos mentales, etc, llevando entonces una implantación de valores psicoanalíticos al seno de una práctica social absolutamente retardataria y asilada en ese momento.
         Dado el archipiélago de efectos que el psicoanálisis ha tenido en la cultura, el análisis que recién comenzaría ahora, de su vigencia actual, de las evoluciones que tuvo ayer y las introducciones para mañana, tiene que recoger metodológicamente la heterogeneidad de los distintos campos de implantación.
         Muchas gracias.

Andrés Rascovsky: Trataré de ser breve. Lo escuché a Pacho un poco sorprendido por su discurso sobre la patria, pero también lo escuché como una metáfora de la patria psicoanalítica, de sus combates… Pensé ¿cuáles han sido los combates centrales para el desarrollo de nuestra patria psicoanalítica?
         Existió también como señalaba Pacho el peligro europeizante, existió la colonización. Hubo un desarrollo particular de nuestra disciplina con creadores argentinos. Creo que nos leemos bastante actualmente, pero el prestigio del exterior siempre es superior. Creo que es uno de los peligros del desarrollo de nuestra patria.
         Existió una fundación, la fundación por aquellos europeos que se fugaban del nazismo y que se encontraron acá, en esa fundación, con jóvenes pensadores que intentaban una concepción nueva del hombre y de la cultura. Indudablemente aquéllos que se refugiaban de la segunda guerra mundial o de la Europa nazi organizaron junto con los de aquí un proyecto transformador y en la búsqueda de un ideal distinto, creo que esa búsqueda de la libertad impregnó el desarrollo del psicoanálisis inicial. No como una profesión sino como un ideal de transformaciones culturales, no solamente del sujeto.
         Después vinieron también, en el transcurso del trayecto del ayer al hoy, los movimientos de popularización. Llegó un momento donde el psicoanálisis logré hacerse un poco más conocido. Como señaló también Rafael la entrada en la Universidad fue tremendamente significativa, ya desde los cursos iniciales de los años 57-58. Me acuerdo que cuando Rafael se sentaba una fila delante de mí en la escuela secundaria, yo ya estaba embebido con la causa psicoanalítica por transmisión generacional.
         Aquel movimiento de la Facultad, convocado en parte por el Centro de Estudiantes de Medicina, se extendió después a muchos cursos. Recuerdo ese ámbito como un acontecimiento cultural intenso, con un fervor y un entusiasmo simultáneo con ese movimiento de revuelta en la Facultad de Medicina. Ese mismo fervor lo encontré cuando lo fui a escuchar a Lacan en la Sorbonne.
         Claro el psicoanálisis no era una rama del arte de curar. Iba mucho más allá. Era la fuerza de ese caudal de energía que ha aportado una concepción del hombre y de la cultura y revelaba ese aspecto de uno mismo, lo inconsciente. Denunciaba las implicancias del hombre sojuzgado, reprimido, sometido y los aparatos represivos de la sociedad: la mitología social, los rituales, los tabúes sexuales, la moral convencional, la discusión religiosa.
         En aquella sociedad de hace cincuenta años, de corte tradicional y conservador, con profundos compromisos religiosos de la institución más que del pueblo, con un militarismo amenazante, el psicoanálisis era una causa transformadora, inquietante y revulsiva, que cuestionaba los valores instituidos y las fiscalizaciones ideológicas.
         Pichon Rivière cuestionaba la institución académica, Mauricio Goldemberg también, además de la internación psiquiátrica, el manicomio, el psicótico segregado de su medio, la biologización de la psiquiatría y como ironía la búsqueda del virus de la esquizofrenia.
         Hubo una década donde el psicoanálisis fue ese factor de cambio, el cambio psíquico, pero también un facto significativo del cambio social. La causa psicoanalítica llevaba a sus miembros, a nosotros, a sentirnos y pensar en ser agentes de transformaciones culturales.
         No eramos entonces y no somos ahora una asociación de profesionales. Muchos se referían a posiciones ideológicas, otros a la creación de valores nuevos. Familia, patria y propiedad no inspiraban al movimiento de ideas y conceptos que motivaron a toda esa generación de psicoanalistas.
         La cuestión teórica para la primera generación fue la difusión del pensamiento de Freud y el desarrollo del movimiento transformador. Lo sexual primordial no dejaba de estar presente. Tengo la impresión  que luego las generaciones de analistas que organizaron la institución, organizaron también una especie de profesionalización del movimiento.
         La condición profesional de prestación de servicios fue enfatizada luego en desmedro del movimiento transformador. Teóricamente, quizás, como reacción a los excesos o ambiciones de la primera generación que interpretaba todo o tenía ambiciones que iban más allá de lo posible. La ideología teórica sufrió un golpe de timón y la problemática del objeto, de la violencia contra el objeto, la destructividad, la cuestión de la culpa se hicieron mucho más presentes. La sexualidad, el deseo inconsciente, la represión y el Más allá del principio de placer fueron dando lugar a otros paradigmas.
         A mi criterio esta reacción produjo una hipertrofia moralizante, alejada de la ética psicoanalítica; instaló más bien una represión sobre la moral. Hubo un énfasis importante en la problemática de la angustia de separación, el encuadre, las teorías del campo, la contratransferencia fueron conceptos claves. En ese momento la institución psicoanalítica no podía albergar y dar formación a la magnitud de pedidos de análisis.
         Cuando Baranger volvió de su compromiso en el Uruguay, tenía una lista de 66 pacientes que anhelaban iniciar su análisis didáctico. Se puede imaginar el caudal de médicos y psicólogos marginados de la institución oficial quienes, sin embargo, realizaban su formación en los múltiples grupos de estudio que se ofrecían en la ciudad, fenómeno excepcional para nuestra cultura.
         La multiplicación de grupos de lectura y reflexión con aquéllos, algunos ingresados y otros no, fueron generando sus propias agrupaciones o sus propias lecturas. Estamos ya en los finales del ´69 después del Mayo francés. Massota ya lee a Lacan y se cartea con Sastre. A la APA viene Bion con sus impactos, más adelante empiezan a venir Leclaire y Green. Los conceptos de Lacan generan herramientas conceptuales nuevas y se confrontan con las estrategias del encuadre, la regresión y el trabajo sobre las ansiedades psicóticas.
         El retorno a Freud y su relectura tienen su impacto y acentúan muchas de las problemáticas, se enfatiza la problemática del deseo, la demanda y la necesidad en forma reveladora. El Yo narcisista, el imaginario delimitan problemas sobre la ideología y las perspectivas convencionales. Empieza un factor de poder intelectual importante fuera de nuestras instituciones que hasta entonces brindaban esa artesanía intelectual tan necesaria de transmitirse en ese ámbito tan especial. Esa artesanía se basaba sobre el trípode análisis prolongado, supervisiones, información y seminarios.
         Por otro lado un sector ideológico de los analistas se vuelca a articulaciones teóricas y personales con la transformación o la revuelta social. Para otro grupo la ideologización de la teoría va en desmedro de su desarrollo teórico, da la bienvenida a teorizaciones francesas de Lacan, introducen una práctica con paradigmas diferentes.
         Es otro momento histórico del análisis: por un lado el grupo del compromiso sociopolítico con cierta ideología y por otro un grupo, acusado de cientificismo. Unos eran acusados de ideologismos o de ideologizar la teoría y pretender una práctica sociopolítica, los otros eran acusados de cientificismo por trabajar exclusivamente dentro de lo específico, tratando de desarrollar la teoría. Este fue otro momento importante que dividió aguas y tuvo sus consecuencias.
         Igual el psicoanálisis se extiende pero con las décadas se modifica la demanda de sesiones y el acceso económico. Ya no sucede como lo de Baranger, la demanda de análisis o de didáctico no es tal.
         Los interrogantes que se plantean son: ¿se difunde y se diluye, se pierde, se reprime o se sepulta algo de su condición de transformación profunda? El énfasis en un número sostenido de sesiones, tres, cuatro, cinco y la necesidad de desarrollar una neurosis de transferencia prolongada no se sostiene en la práctica con facilidad. La teorización sobre el sentido de la transferencia, disolución de la transferencia o trabajo bajo la transferencia brinda perspectivas y caminos terapéuticos nuevos. La práctica impone a veces una frecuencia de una o dos veces por semana, todo parece ya excesivo.
         La medicina prepaga impone su propia modalidad, regida por el contador de la empresa y el amigo de maximizar el lucro. La práctica de la terapia breve o focal, que llamamos de objetivos limitados era el pariente pobre del psicoanálisis en aquellas épocas.
         El tiempo de reflexión, el desarrollo psíquico y el más allá de los síntomas hacían del psicoanálisis un proyecto subjetivo transformador y ambicioso. Las terapias breves ambicionaban una modificación sintomática, pero las transformaciones posibles en cuadros más allá de las neurosis eran muy dudosas.
         Creo que hemos aprendido en estas últimas décadas por todas estas exigencias, por las circunstancias que nos imponen esfuerzos en el trabajo psíquico. Hemos afilado nuestros instrumentos, hemos avanzado en nuestro saber.
         Me parece que se jerarquiza ahora la intervención psicoanalítica como si fuese un módulo y, aunque a veces es operativa y eficaz, no constituye a mi gusto aquello que es la experiencia psicoanalítica. Ahí donde el análisis es sólo una intervención o el proceso se produce fuera del campo analítico yo pienso que el resto, lo que sucede se produce por sugestión, por idealización y dependencia y no incrementa la autonomía o aquello que creo es uno de los ejes de la experiencia psicoanalítica o del sendero de la cura, el desarrollo de una ética de la libertad.
         ¿Cuál es el ayer del psicoanálisis, pensando en el ayer y el hoy ? ¿El ayer son los 66 que esperaban a Baranger o el ayer son aquellas teorías que ya no son actuantes. A veces decíamos que el ayer es un presente disociado, aquello que no hemos logrado integrar. Pero bueno, el eje éste que nos atraviesa desde aquel lejano comienzo, es centralmente, a mi gusto, el compromiso con la producción de la libertad psíquica y cultural, el ayer, el hoy o  el mañana de Rafael.