foros
 

 

"Crónica de una experiencia singular"                                            

Dr. Juan Carlos Capo / Dr. Javier García

De los orígenes
En febrero de 1956, el grupo uruguayo obtiene personería jurídica y en ese mismo año se inician los seminarios dictados por Willy y Madeleine Baranger, psicoanalistas didactas de origen francés y de raigambre kleiniana; eran analistas didactas de la Asociación Psicoanalítica Argentina y se habían radicado, a esos fines, en Montevideo.
En el XX Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional, realizado ese mismo año  en París, se obtiene el reconocimiento como <study group>.
En 1958, los primeros psicoanalistas uruguayos que habían completado su formación con Willy y Madeleine Baranger, comienzan a dictar seminarios a una nueva generación.
En 1961, la Asociación Psicoanalítica del Uruguay es reconocida como Sociedad Componente de la International Psychoanalytical Association, en el XXII Congreso de Edimburgo.
El Instituto de Psicoanálisis de la A.P.U. es heredero de los motivos y fundamentos que llevó a Sigmund Freud, junto a psicoanalistas pioneros como Max Eitingon, a organizar en 1924, en Berlín, el primer instituto de psicoanálisis. Formación teórica, clínica supervisada y análisis personal del psicoanalista se constituyeron, junto a la institución, en los pilares básicos de la formación. En un primer período, que va desde la fundación hasta 1972-74, la formación de psicoanalistas estuvo dirigida por el Director de Enseñanza de la A.P.U. y fue llevada adelante por los analistas didácticos. Estos últimos centralizaban las tres funciones formativas: análisis didácticos, docencia en seminarios y supervisiones curriculares, al mismo tiempo que eran quienes autorizaban a sus analizandos a ingresar al Instituto.

 

Una inflexión institucional: el bienio 1972-1974

1)Fundamentos
En este período, un Grupo –representativo de todos los niveles de la Asociación y el Instituto- se dedicó a trabajar sobre la estructura institucional y la formación futura de psicoanalistas. Esto determinó cambios radicales en los planes de formación. En este momento los candidatos y los egresados inician una activa participación que se mantendrá en el futuro.
La Comisión de Enseñanza pasa a estar integrada, también, por Candidatos y la concentración de funciones en los analistas didactas es sustituida por la creación de los Grupos de funciones didácticas (Grupo de Analistas del Instituto, Grupo de Supervisores y Grupo de Docentes).

2)Métodos
Los grupos de funciones didácticas investigan, estudian y organizan la acción institucional desde sus áreas respectivas y, sobre todo, sostienen el ejercicio de una función. La designación que puede detentar un Miembro, no se limita a ejercer esa característica desde la condición del investimento que da la categoría, si no que incluye también el investimento en la función, puesta a prueba en el debate de ideas con otros colegas, empeñados en tratar acerca de los problemas de enseñanza y supervisión. El coordinador de cada grupo de funciones didácticas pasará a ser integrante de la Comisión de Enseñanza.
3)Efectos
En la fundamentación de los reglamentos que surgen de la reforma de 1974, se expresa: <El acceso a todas y cada una de las funciones dentro del Instituto y a cada etapa de la formación debe ser el resultado del encuentro de dos factores. A)La solicitud por parte del postulante que declara su interés en desempeñar esa tarea y asume su responsabilidad en llevarla a cabo. B) La respuesta de la institución que, por un procedimiento distinto en cada caso, valora dicho interés y analiza la capacidad, reservándose el derecho de aceptar o rechazar la solicitud>. <Tanto el sujeto como la institución deberán revisar periódicamente el desempeño de la tarea y mantener o rescindir la decisión inicial>.
<No es la institución la que autoriza o avala la tarea de una persona, desplazando la responsabilidad de su autoevaluación, sino que se preserva una doble vertiente de calificación: la propia y la de los pares>.
<Las tres áreas en que se desarrolla la formación y la separación de las funciones didácticas permitió la constitución de Grupos de Trabajo que investigan los problemas teóricos y entienden en los requerimientos prácticos y organizativos inherentes a su área específica. La expectativa es que estos grupos diseñen su propia problemática de investigación, la admisión y la formación de nuevos miembros, en intercambio de experiencia y cierta coherencia en los criterios del quehacer individual. Con este esquema, las funciones esenciales del instituto tienen un lugar material donde los problemas de orden teórico o normativo pueden ser adecuadamente estudiados y resueltos. El grupo de Trabajo correspondiente y la Comisión de Enseñanza al coincidir en el ámbito de la consideración de problemas ligados a la formación, generan una superposición conveniente, dos miradas complementarias>.

4) <No intervención>
El otro gran cambio consistió en separar el análisis personal del candidato de toda incidencia institucional, a través de la no intervención del Analista del Instituto, en ningún momento del proceso formativo. El ingreso al Instituto no depende más del analista del candidato. El aspirante a ingresar al Instituto es evaluado en entrevista hecha por una comisión constituida a tal fin.

5) Giro  epistémico
El plan de formación teórica también tiene cambios importantes, pasándose de una formación preferentemente kleiniana a un mayor acercamiento al estudio y profundización de la obra de Sigmund Freud.

6) Revisión permanente
La revisión, tanto en la marcha del instituto como en el plan de formación de psicoanalistas, es una tarea continua de nuestro grupo.
En un trabajo de la Comisión de Enseñanza al Pre-Congreso Didáctico que se realizó en el contexto del Congreso de FEPAL (Federación Psicoanalítica de América Latina), de México, en 1978, se evalúa el riesgo de incurrir en la tendencia a dogmatizar, y en reiterar estereotipos, que puedan congelarse y fijarse en ideas y reglas que fueron creativas en su momento, de ahí el posible deslizamiento hacia <un imaginario> que pudiera provenir del análisis personal y recalara en la actividad teórica de seminarios, determinando la adopción de funcionamientos regresivos. Todo ello planteaba la necesidad de que la institución asumiera una función de terceridad.

7)El Nuevo Plan de Formación
A mediados de la década de los ’80 y en los primeros años de los ’90 la institución constituyó una comisión para estudiar el plan de formación de analistas. Del trabajo de la misma resultó un nuevo plan de seminarios que se comenzó a aplicar, parcialmente, en 1992, y en su totalidad en 1994, y es el plan actualmente en vigencia.
El mismo apunta a que los candidatos participen en el delineamiento de su trayecto por el instituto, y también aspira a que los grupos de candidatos en seminarios no permanezcan con la misma integración durante toda la formación, sino que se recompongan para cada seminario y que, por otro lado, los docentes puedan ofrecer seminarios de acuerdo a sus intereses, favoreciendo una mayor apuesta creativa, por parte de todos. Tanto la libertad en la elección de seminarios como del número de ellos que se hagan por año, tienen un ordenamiento básico establecido en el Plan como función regulatoria. El Fundamento de este Nuevo Plan de Formación está en la libertad de elección del candidato, la libertad de oferta docente y la pluralidad teórica en la formación.

8) Pluralidad y democracia
Nuestra estructura interna y funcionamiento institucional se levantan en torno a una doble vertiente. Por un lado, las autoridades electas en elecciones bienales, con voto secreto; por otro, los Grupos de Funciones Didácticas y Comisiones, constituidos por quienes protagonizan cada una de esas funciones en un régimen horizontal y democrático. Con las únicas diferencias que establecen  las distintas experiencias y condiciones personales. Cada grupo estudia, discute y decide por consenso o por votación. Esta doble vertiente contempla, al mismo tiempo, a la autoridad de dirección elegida, y al grupo que permanece trabajando en su tarea, con independencia del régimen de elección bienal. Esta continuidad participativa en el cuerpo y la historia institucional permite que la pluralidad de ideas, tanto en lo que atañe a la institución, como en lo que tiene que ver con las teorías psicoanalíticas, se debatan con libertad, en el quehacer institucional.
Estos rasgos institucionales que nos caracterizan y diferencian de otros institutos están contextuados en una sociedad de historia democrática y participativa, que ya en los albores del siglo XX conquistó derechos electorales, laborales y de salud para la mujer y el niño, como asimismo una legislación avanzada en materia de condiciones laborales, asignaciones familiares, divorcio y también gratuidad, laicidad y universalidad educativa. A fines de la década de los ’50 la Ley Orgánica votada por el parlamento consagró la autonomía de la universidad estatal y el cogobierno de la misma, en forma conjunta por parte de docentes egresados y estudiantes. Este vigoroso movimiento estudiantil trabajó junto al movimiento obrero en la década siguiente: los años ’60 –también llamados <la segunda vanguardia del siglo>-hasta el progresivo quebrantamiento legal en los comienzos de los ’70.

9) El interregno dictatorial: 1973-1985
La dictadura militar interrumpió con su secuela de persecución y destierro. El psicoanálisis fue prohibido y muchos psicoanalistas fueron expulsados de las áreas de la salud, la educación y la cultura, en donde el psicoanálisis había nacido y crecido con pujanza y vigor. Algunos analistas se vieron obligados al exilio, otros tuvieron que replegarse dentro de la institución analítica y los consultorios, en lo que se denominó <insilio> o exilio interno.
La institución analítica no solo se pudo mantener, sino que se consolidó y creció. La reinserción social, científica y cultural, luego de la vuelta a la vida democrática, de quienes sufrieron distintos tipos de des-exilio, no fue fácil.
La institución –en los momentos del terror de estado de la dictadura militar- había <investido> fuertemente a sus miembros, en esos momentos de repliegue forzoso. Y así no resultó fácil luego proceder al <desinvestimento> de aquellos <objetos> que cumplieron una función de sobrevivencia y preservación analítica.

10) El psicoanálisis ante los nuevos desafíos o Psicoanálisis y paradigmas de la posmodernidad.
Por otro lado, las zonas sociales de la salud, la educación y la vida cultural, en el fin de siglo XX y comienzos del XXI, parecieran haber reforzado resistencias y prevenciones hacia el psicoanálisis.
Así el psicoanálisis se encuentra enfrentado a <una crisis>, quizás necesaria, quizás inherente a la esencia del quehacer analítico, que nos pone siempre en estado de <refundación>, con cada paciente, en la institución, y en el medio científico y social. Pareciera imprescindible que esta <refundación> se haga desde una adquisición subjetiva y social, a manera de invención creadora, con una historia heredada, transitada y a recrear.

11) Un necesario punto de vista disarmónico
El Instituto de Psicoanálisis ofrece un lugar de trabajo para psicoanalistas con grados distintos de experiencia, pero se sobrentiende que siguen <en formación>, y candidatos a analistas, que son también, en cierto modo, <analistas en formación>, En el ámbito del Instituto, esas corrientes se encuentran confluyen y divergen. Se configuran distintos lugares en cuanto a la experiencia transitada y en cuanto a la función que desempeñan en la institución, pero comparten una condición común de <malestar> en relación a lo desconocido y al saber,  de <incomodidad> que aventa la fantasía del analista repantigado cómodamente en su sillón.
Institución analítica y psicoanálisis no mantienen una relación armónica. La existencia de la primera no facilita las cosas del segundo, aunque una asociación analítica se defina como psicoanalítica ella misma – y no, “de psicoanalistas”-. Configuraciones imaginarias más o menos extendidas en el ámbito institucional pueden ejercer efectos resistenciales fuertes al descubrimiento psicoanalítico. No obstante eso, en nuestro grupo, se ha destacado la importancia de la formación psicoanalítica en la institución, como un pilar formativo más. La transmisión del deseo en pos de lo desconocido puede florecer en el solar institucional, a pesar de conflictos afectivos y esa transmisión accidentada se remonta a los orígenes mismos del psicoanálisis, con Freud. Transferencias imaginarias que se desplazan del diván a la vida institucional, como baluartes resistenciales de estirpe narcisista, muchas veces, pero también como restos de transferencia de deseos que relanzan búsquedas desde una incomodidad potencialmente creativa. Estos conflictos en el grupo relativizan las pasiones teóricas con sesgos filiatorios, las fidelidades a <maestros>, las tranquilidades que puede dar el <saber> e incentiva la investigación y la creatividad analítica teórico-práctica.
La <aventura psicoanalítica>, así descrita, no se lleva muy bien con las características predominantes de la sociedad actual, signada por un tiempo acelerado de vértigo, fragmentación, auge de las neurociencias y globalización planetaria, pero ese desafío torna a la <aventura analítica> más difícil y atrayente.
Es en el recorrido por fronteras críticas,  por pretiles tan inciertos como removedores, donde es posible tocar algo de esa raíz viva, esa encarnadura de hombre, compartida con quien nos consulta, que la aventura analítica, singular e institucional, realmente empieza.