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"Las invasiones bárbaras".

Elisabeth Roudinesco

Nuestras sociedades democráticas, por el hecho mismo de sus libertades conseguidas, están amenazadas por invasiones bárbaras. Sin duda, nunca los falsos saberes y lo irracional fueron tan poderosos, como uno puede comprobar con la expansión de las sectas por un lado y por otro con las medicinas alternativas, placeboterapias, venta de píldoras milagrosas o astrología. La situación empeoró con el reconocimiento por la Facultad de Medicina de la homeopatía (placeboterapia típica) como medicina válida y la aceptación por la universidad francesa, a pesar de todas las protestas, de la presentación de una tesis de astrología.
Pero al lado de ese oscurantismo, existe otra forma de invasión bárbara más perniciosa aún porque se respalda en una llamada racionalidad y objetividad. Toma la ciencia como una religión, sacraliza la genética, alaba a la neurona y exalta el peritaje, pálido poder disciplinario anónimo que pretende regentear todos los comportamientos humanos en nombre de la ciencia. En síntesis, es el cienticismo, delirio de la ciencia, que ya denuncié anteriormente.
Estos son los paradigmas del poder que se hallan en el proyecto de ley Cléry-Mélin: expuestos en una jerigonza fría y deshumanizada, la jerigonza técnica de la evaluación generalizada. Me pregunto qué piensan de ese proyecto las personas que fueron entrevistadas -un centenar- entre psiquiatras, médicos, profesionales, todos muy honorables. ¿Se dieron cuenta de qué situación participaban? Tengo mis dudas. Por eso pienso que deberán manifestar su descontento como ya lo hicieron Roland Gori en el sitio Oedipe y evidentemente Jacques-Alain Miller.
Esta invasión bárbara del peritaje sólo sirve al gran mercado de lo irracional, aunque pretenda combatirlo. Pues pretende "asegurar" al público contra el charlatanismo de las sectas al atacar a los psicoterapeutas no diplomados. Es cierto que por el momento el psicoanálisis, disciplina regia que ha alimentado desde un siglo a todas las medicinas del alma y que revitalizó a la psiquiatría, no está amenazado. Digamos que en este primer momento, porque la casi totalidad de los psicoanalistas franceses poseen los diplomas requeridos para no ser evaluados. Pero justamente, porque los psicoanalistas no están incluidos en ese proyecto, deben movilizarse contra ese poder del peritaje
que ataca a sus vecinos psicoterapeutas. No se combate las desviaciones de las medicinas alternativas -ni siquiera de las psicoterapias- con evaluaciones sino con la lucha intelectual por un lado y por otro con leyes adecuadas.
De todas maneras, contra las sectas, las leyes de la República son hoy en Francia las mejores del mundo, mucho mejores que las de Canadá o de Estados Unidos.
Y ya se sabe que si se deja el poder del peritaje -y no el de las leyes- dominar a las medicinas del alma, mañana ese mismo poder se volverá contra aquéllos que se creían protegidos. Pues el peligro de ese proyecto consiste en que permite en un primer momento a médicos, psiquiatras, psicólogos y diplomados universitarios utilizar la evaluación contra la psicoterapia, pero en una segunda etapa favorecerá seguramente la introducción de la evaluación en contra de esos mismos profesionales. Veremos entonces a psiquiatras respaldarse en el peritaje para perseguir a los psicólogos, a los psicoanalistas pelearse entre sí en nombre del peritaje para favorecer cada uno a su corporación y finalmente todo el sufrimiento psíquico tendrá que buscar otro lado para ser escuchado, fuera de los territorios de la racionalidad.
El psicoanálisis -lo mismo que la psiquiatría, la psicología clínica y la medicina científica- debería pues movilizarse contra la esencia misma de la noción de peritaje, contra ese negro veneno que corroe a nuestras sociedades y que participa de la gran invasión bárbara de hoy en día. Para terminar recordaré esta cita de Montesquieu que debería estimularnos para no entrar en la espiral del peritaje, del corporativismo y del sálvese quien pueda: "Si yo supiera algo útil para mi nación, pero perjudicial para otra, no se lo propondría a mi príncipe, porque soy hombre antes de ser francés o bien porque soy necesariamente hombre y sólo francés por casualidad. Si yo supiera algo útil y que fuera perjudicial para mi familia, la eliminaría de mi pensamiento. Si yo supiera algo útil para mi familia y que no lo fuera para mi patria, trataría de olvidarlo. Si yo supiera algo que fuera útil para mi patria y perjudicial para Europa o que fuera útil para Europa y perjudicial para el género humano, lo consideraría como un crimen".