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"Breve reseña del desarrollo del Psicoanálisis en la Argentina. (relatada desde un punto de vista testimonial)"

Dr. Benjamín Resnicoff

Esta presentación, como el título lo adelanta, se propone producir un relato testimonial de lo vivido por el autor y otros miembros de una generación de jóvenes médicos, que fascinados con su primer contacto con el psicoanálisis, decidieron que valía la pena dedicarle todos sus esfuerzos a la nueva disciplina. Contiene también reflexiones en torno a la sociedad argentina de los 40as y 50as. que permitió la extraordinaria penetración experimentada por esa disciplina en Buenos Aires.

Se expone el acercamiento de estas personas a dicha ciencia, lo que esta significó en sus vidas; y algunos de los acontecimientos a los que el autor asistió, miembro de una institución psicoanalítica en particular (A.P.A.- I.P.A.).

El Psicoanálisis y la Sociedad Argentina (comienzo de los años 40s).

Buenos Aires, por la época en la que comienza esta historia (fines de los años treinta) era una ciudad muy sofisticada culturalmente; tanto como para albergar en su seno una idea tan revolucionaria y novedosa como era el psicoanálisis por entonces y como para que este lograra una difusión sorprendente.

El psicoanálisis florece en Buenos Aires en cierta franja del espectro social; contaba la ciudad por esa época con una extensa clase media de ideas liberales, ávida de cambios; integrada mayormente por inmigrantes europeos e hijos de inmigrantes, con poco arraigo en la nueva tierra y enfrentada política e ideológicamente con los valores conservadores y ultracatólicos de las clases tradicionales de la sociedad argentina, clases enquistadas en todas las zonas de poder académico y universitario.

Dentro de los sectores conservadores militaban también grupos totalitarios nazi-fascistas, pertenecientes especialmente a la oficialidad del ejército. Grupos que en 1930 protagonizaron el primer golpe militar del siglo en la Argentina. Naturalmente, a estos grupos los sentimientos antisemitas no les eran ajenos.

El antisemitismo, en la Argentina, nunca pasó a mayores, se expresaba meramente a través de actitudes discriminatorias, que en el ámbito universitario y médico consistían en dificultades para los profesionales judíos de acceder a la titularidad de cátedras universitarias (las universidades eran estatales exclusivamente) o jefaturas de servicios médicos en hospitales oficiales. Esto pudo haber impulsado a algunos jóvenes médicos de esa ascendencia a dedicarse a una especialización no oficializada como el psicoanálisis, en la que no dependían del favor oficial para hacer carrera.

La aparición de los primeros analistas en B.A. generó enorme demanda de tratamientos, muchos pedidos de formación analítica e impregnó parte de la cultura porteña; fue entrando en la sociedad llevado de la mano por éxitos terapéuticos, por una buena difusión, por la eficacia teórica para explicar ciertos hechos y por qué no decirlo, por la moda.
Era el auge mundial del psicoanálisis, el cine y la literatura estaban plagados de psicoanálisis; y esto naturalmente también influyó. Los psicoanalistas comenzaron a tener prestigio intelectual (en algunos círculos, naturalmente). Eran reporteados cada vez con más frecuencia por revistas, invitados a programas televisivos donde se les consultaba sobre temas psiquiátricos, sociales o de interés general. No solo eran vistos como "expertos en salud mental" sino como opinión responsable y válida en las "cosas de la vida",....tenían cierto halo de voces oraculares.

También era habitual que se organizaran reuniones a las que se los invitaba a comentar producciones artísticas y literarias, por ej. se proyectaban filmes de actualidad, o se representaban obras de teatro y luego el analista invitado hacía una especie de ejercicio de análisis aplicado; especialmente los filmes del director sueco Ingmar Bergman que por entonces fascinaba e intrigaba al público culto de Buenos Aires. fueron blanco de interpretaciones psicoanalíticas.

Charlas de divulgación acerca de la naturaleza del psicoanálisis eran muy frecuentes. El psicoanálisis tenía éxito de taquilla!!!.

El interés y la curiosidad despertados eran tales que hasta había programas de T.V. sobre psicoanálisis; recuerdo especialmente uno: "Claudia (nombre de la revista femenina auspiciante) mira la vida;" programa que consistía en la puesta en escena (por excelentes actores) de personajes conflictuados o de situaciones familiares difíciles; luego, un psicoanalista ensayaba una comprensión de lo allí representado. Esto sucedía hacia fines de los 50s.

Hubo en especial una actividad de difusión que tuvo mucha trascendencia, en 1956 Arnaldo Rascovsky y Angel Garma comenzaron a dictar un curso "de Difusión del Psicoanálisis en la Universidad", que se repitió durante varios años; el auditorio en el que se dictaba estaba siempre lleno, era la primera vez que el psicoanálisis entraba en la Universidad. Muchos de los estudiantes asistentes, al concluir sus estudios médicos solicitaron formación psicoanalítica.

La sociedad argentina había vivido siempre muy pendiente de lo que sucedía en el viejo continente, ávida de novedades, deseosa de recuperar el tiempo perdido por el aislamiento que produjo la guerra; además, decepcionada con el estancamiento y retroceso que imperaban en el país bajo los regímenes autoritarios y obscurantistas que padecía la Argentina (primero fue el primer peronismo que sí bien tuvo el mérito de despertar una cierta conciencia social en las clases más postergadas; en lo político ejerció una forma mitigada de fascismo, un autoritarismo como los que ya había colapsado en Europa; luego dictaduras militares que emprendieron la brutal represión del terrorismo de izquierda). Era muy difícil reconciliarse con el país, mucha gente emigró, no solo refugiados políticos; otra gente se quedó y refugió...en el psicoanálisis!!!! O en otras cosas creativas...

Para un cierto grupo social el psicoanálisis no fue sólo una psicoterapia, se transformó en una ideología, una pertenencia a un grupo libertario que permitía la ilusión de un futuro mejor, nuevos valores que restituyanl sentido a la vida.

Cuando la gente de la generación a la que pertenezco, jóvenes estudiantes de medicina, tomó contacto por primera vez con las ideas de Freud se fascinó, encontramos algo que podría transformar no solo nuestro destino personal sino el de la humanidad toda; se podría cambiar el mundo. Los misterios de los procesos mentales inconscientes: las conductas irracionales de la humanidad (guerras, violencia) tornabansé comprensibles y modificablesr. Teníamos necesidad de creer en algo, anhelo comprensible luego de la guerra mundial y del mayor brote psicótico colectivo de la humanidad: el nazismo.

El psicoanálisis se había convertido, paras nosotros, en una ideología.

La enorme difusión del psicoanálisis en occidente en la posguerra tiene que ver en parte con el horror que produjo la experiencia irracional del nazismo, lo que es válido no solo para la Argentina; allí, además aún se vivía en dictadura y como toda dictadura, empobrecía el ambiente intelectual y académico y el psicoanálisis constituyó un oasis donde se podía pensar en libertad y además era un lugar que mantenían un alto nivel intelectual.

El psicoanálisis también sirvió (no solo en Argentina), de argumento teórico para facilitar un cambio en las costumbres, sobre todo en las sexuales, a un cierto grupo social que deseaba virar desde una respetabilidad victoriana a formas de vida menos inhibidas... y esto, también facilitó su difusión.

La fundación de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A.)

La " historia oficial" de la A.P.A. afirma que el inicio del psicoanálisis en la Argentina tiene un momento puntual: el día de la llegada a Buenos Aires de Angel Garma en 1938; primer analista que habiendo completado su formación en un instituto oficial de la Asociación Psicoanalítica Internacional (I.P.A.) decide radicarse en B.A.

Garma, vasco español, médico de profesión, efectuó su entrenamiento en el Instituto de Berlín, egresó en 1931.

Las dificultades para el ejercicio del psicoanálisis en la España de los 30 y la inminencia de la guerra civil, hacen que Garma se traslade a París, donde completa su formación. Allí conoce a Celes Cárcamo, médico argentino que se estaba formando en la Sociedad Psicoanalítica de París; de este encuentro surge la posibilidad de iniciar juntos el desarrollo del psicoanálisis en B.A. La proximidad de la segunda guerra mundial deciden a Garma a emigrar nuevamente.

El clima cultural en B.A. era mucho más receptivo, existían grupos de mentalidad abierta a las novedades; la tradición religiosa pesaba menos que en España. Garma y Cárcamo (cuando se incorporó a su regreso) fueron bien recibidos en esos grupos, no así en los ambientes médicos. En B.A se había oído hablar de Freud. Algunas personas lo estudiado, entre ellos Arnaldo Rascovsky y Enrique Pichon Rivière, neuroendocrinólogo infantil el primer psiquiatra el segundo. Al llegar Garma a B.A. se le unen Rascovsky y P. Rivière, Cárcamo regresa y se integra al grupo. Más adelante se agrega Marie Langer, médica austríaca formada en Viena. Estos constituyen el grupo fundador de A.P.A., fundación que tiene lugar en 1942.Fue un grupo imbuido de cierta mística, muy convencido del valor y de la verdad de las ideas psicoanalíticas.

Los comienzos.

Durante los años de la guerra el grupo inicial se mantuvo en contacto epistolar con Ernest Jones, presidente de I.P.A de quien obtuvo un reconocimiento provisorio, la afiliación definitiva y formal de A.P.A. a I.P.A tuvo lugar en el primer congreso psicoanalítico internacional de posguerra, en Zurich en 1949.

La publicación de la Revista de Psicoanálisis, aparecida en 1943 ha sido editada hasta la actualidad sin interrupción.

Las expresiones contrarias al psicoanálisis existieron en B.A. como en otros lugares; y como no puede ser de otra manera cuando una idea novedosa irrumpe en un cuerpo social, alterando maneras habituales de pensar.

Los conflictos de intereses con el establishment médico (psiquiátrico), no estuvieron ausentes, las luchas por el poder y por el predominio. Los psiquiatras; sintiendo su territorio en peligro de ser invadido por los recién llegados, ensayaron distintas maniobras defensivas. La Asociación Psicoanalítica presentaba un flanco especialmente débil: estaba formando no médicos; y esto desde el punto de vista legal era ejercicio ilegal de la medicina; por ahí comenzó a ser atacada.

Un episodio, notorio en su momento, en cierto sentido "pintoresco", ilustra las reacciones del establishment médico hacia el psicoanálisis; a Horacio Echegoyen no se le permitió acceder a la cátedra de psiquiatría de la Universidad de Mendoza, por ser psicoanalista, se le cuestionó un trabajo clínico que presentara y en el que como en todo trabajo psicoanalítico se hablaba de las fantasías sexuales inconscientes del paciente; el trabajo fue objetado por "obsceno e inmoral y anticientífico". Esto sucedía en 1963 aproximadamente.

Ante la amenaza de cuestionamiento a la práctica psicoanalítica, tildándola de charlatanismo, se sumaba, por la condición de no médicos de algunos de sus integrantes (que eran minoría) la posible imputación de curanderismo y ejercicio ilegal de la medicina.

Presiones, decretos, disposiciones reglamentarias impuestas por el Ministerio de Salud Pública, protestas y críticas abiertas o encubiertas de las asociaciones médicas y psiquiátricas, por el ejercicio de una práctica, el psicoanálisis, que consideraban debía ser ejercida sólo por médicos, llevaron a que la A.P.A. se impusiera una pausa de prudente espera al ingreso de los no-médicos, sin recurrir a rectificaciones retroactivas.

En las postrimerías del régimen peronista, Salud Pública presionó a la A.P.A. y amenazó a los analistas no médicos con juicios por ejercicio ilegal y a la A.P.A. por complicidad. Este hecho se conoce en A.P.A. como decreto Carrillo (nombre del ministro).
APA cambió los estatutos en lo que tenía que ver con las condiciones de admisión y se decidió exigir el título de médico. Los miembros legos que ya habían entrado seguirían perteneciendo a la institución.

Primó la posición oficial, el psicoanálisis era una terapia médica, tratamiento específico para ciertos trastornos mentales; debía estar en manos de los médicos.

Era conceder la gran mentira: de que el psicoanálisis es una terapia médica. Podemos entender esta concesión a las exigencias de las autoridades como la expresión de un instinto de autoconservación para poder sobrevivir, pero podemos pensar que además se claudicó en la defensa de las convicciones, estamos tentados de ver en esta actitud de claudicación una especie de complicidad inconsciente por parte de los médicos de APA para conseguir que el psicoanálisis sea aceptado y así obtener status y respetabilidad, emerger de una situación de marginalidad; salir del leprosario en el que nos sentíamos confinados por ocuparnos de las cuestiones concernientes al sexo y al inconsciente y convertirnos en "profesionales médicos especializados en psicoanálisis,"

Algunos no médicos, en formación psicoanalítica comenzaron a estudiar medicina. Terminaron pocos. Otros, continuaron su formación psicoanalítica en forma "silvestre", es decir fuera de APA, alcanzado muchos de ellos alto nivel de formación profesional; a pesar de lo cual tuvieron que soportar el doble estigma de "profanos" (es decir no-médicos) y "silvestres" (es decir formados fuera de las instituciones oficializadas por IPA).

La imagen del psicoanálisis, en la opinión "respetable" (en especial luego de la "expulsión" a la formación de los no-médicos) era cada vez más la de una especialidad médica y la APA aparecía como una asociación profesional a la manera del Colegio de cirujanos o de cardiólogos. Se convertía en una práctica aceptable todo médico joven con talento y ambición podía ver en esta especialización una opción válida para hacer carrera.

La imposición de la veda no dejó a los no-médicos fuera de carrera, simplemente estableció clases sociales, en la práctica profesional, los no médicos y los que no pertenecían a APA, cobraban honorarios sensiblemente menores; estableció y una cierta lucha de sexos ya que la gran mayoría de los aspirantes a psicoanalistas no-médicos eran mujeres. Esta categoría negativa, los no-médicos , luego se convirtió en el grupo de los licenciadas en psicología, pues por esta época tuvo lugar la creación de la de la carrera de psicología en la Universidad de B.A. en 1954-55. Las carreras de psicología nacieron para legitimar a los no médicos que aspiraban a estudiar y practicar el psicoanálisis. Mucho después de la creación de las carreras de psicología se permitió oficialmente a los psicólogos el ejercicio del psicoanálisis y la psicoterapia aún cuando existía el grado universitario de Licenciado en Psicología. La vuelta de los no médicos, o más bien de los psicólogos que fueron los únicos que volvieron a los seminarios de APA tuvo el carácter de una reconquista y reivindicación.

Volvamos a la historia de APA.

APA, única institución psicoanalítica por aquella época en B.A., gozaba de enorme prestigio, pertenecer a ella era el sueño dorado de muchos jóvenes médicos; las entrevistas para ser admitido en formación eran rigurosas y difíciles; cuando un candidato lograba pasarlas sentía que tocaba el cielo con las manos; sus pedidos de consultas y sus honorarios aumentaban considerablemente. Esta bonanza se extendió desde los años 60s hasta mediados de los 80s, desde entonces, la crisis mundial del psicoanálisis también se manifiesta en B.A.

Desde los orígenes, en APA se estuvo muy al tanto de las corrientes teóricas que circulaban por Europa y EE. UU. En los primeros años (comienzo delos 50) se hizo sentir fuertemente, la influencia de las ideas de Melanie Klein.

Fue en especial A.Aberastury quien se acercó a estudiar esta autora, interesada como estaba en el análisis de niños. Londres (asiento del grupo kleiniano) se había convertida en un sitio de peregrinación para los analistas argentinos.

También influyeron en A.P.A. otros autores, Winnicott, Fairbairn, Anna Freud; y norteamericanos de la corriente teórica conocida como Psicología del Yo.

Luego APA cruzó el Canal de la Mancha, autores franceses comenzaron a ser invitados y a ponerse de moda, a comienzos de los 70s. El primer invitado fue Leclaire que expuso por primera vez en APA el pensamiento de Lacan.

El grupo kleiniano ejerció una cierta hegemonía teórica y política.

Las diferencias teóricas entre kleinianos y no kleinianos permitieron que las naturales rivalidades presentes en todo grupo humano se pongan de manifiesto, también las luchas por el poder y por el predominio institucional y los conflictos generacionales (los kleinianos pertenecían mayormente a la segunda generación de analistas).

Los padres fundadores permanecieron apegados a la tradición freudiana; el deseo de marcar diferencias contribuyó a que los mas jóvenes, adopten una concepción distinta, (no fue la única razón por la que adoptaron a MK), el kleinianismo fue creciendo y tomando la forma de una ortodoxia teórica y técnica; puso énfasis en la importancia de guardar muy cuidadosamente la regla de la abstinencia, en especial luego de una visita a B.A. de D. Meltzer, quien sostenía la inconveniencia aún de estrechar la mano del paciente. Tiempo después reconoció que exageró.

Las diferencias entre los analistas se fueron ahondando, y hubo momentos tensos; surgió la idea de realizar un simposio interno sobre "Las Relaciones Entre Analistas" (1959)., trajo un cierto por un tiempo.

Las diferencias reaparecieron, ya no solo eran teóricas, APA se polarizó en torno a dos maneras distintas de concebir la institución; culminó en la escisión de la institución.

Últimos tiempos en La Argentina.

Sabemos lo difícil que fue La Argentina en los últimos 60 años; país inestable, revuelto; donde fue difícil vivir y muy difícil practicar el psicoanálisis.

Repasemos: Perón cayó en 1955; a esto le siguió un período de inestabilidad institucional; el peronismo que era mayoría fue proscrito; los gobiernos electos, minoritarios, resultaban débiles; las crisis económicas generadas por la debilidad de los gobiernes se sucedían produciendo agitación y desorden y eran los militares que tomaban el poder para poner "orden".

Luego en los 60s. al desorden imperante se le agregó la aparición de los grupos armados peronistas y de izquierda lo que aceleraba la vuelta de los militares al poder con la cómoda excusa de que los gobiernos civiles y el estado de derecho eran débiles para enfrentar la subversión; los militares veían subversión por todas partes y algunos hasta llegaron a mirar a la obra de Freud con desconfianza y a considerar que facilitaba "la penetración comunista". Los jóvenes psicólogos se habían convertido en sospechosos; la represión se tornaba cada vez más arbitraria y menos respetuosas de las formas legales y de los derechos humanos.

Frente a esta situación los psicoanalistas y la APA pasaron por diferentes momentos difíciles.

Durante el peronismo (antes del 55), la cosa era relativamente simple no se debía manifestar abierta oposición al régimen, no hablar mal del líder, "el general ", ni de su "dignísima esposa" . Satisfechos esos requisitos, no pasaba nada. Se dice que por esa época solía aparecer en alguna reunión científica de APA algún personaje extraño al que nadie conocía (dado que el país vivía casi permanentemente en estado de sitio, era necesaria la autorización policial para hacer reuniones); se sospechaba, que dicho personaje pertenecía a de la policía política y que asistía en condición de espía, pero como en las reuniones de APA no se hablaba de Perón sino de Edipo, no hubo problemas.

Bajo las dictaduras militares la cosa fue mucho más difícil y complicada.

La APA intentaba ser políticamente prescindente; pero es muy difícil mantenerse prescindente frente a groseras violaciones de los derechos humanos. Intervenir, era muy peligroso, se había implantado el terror, reinaba el miedo.

Algún colega desapareció, algún otro fue torturado y obligado a abandonar el país, alguno detenido en virtud de estado de sitio y mantenido en prisión sin juicio ni condena por largos períodos, hijos adolescentes de colegas (15 o 16 años) desaparecieron.

La A.P.A.decidió mantener perfil bajo.

La subversión, fue desapareciendo lentamente, con lo que el régimen militar perdía justificación; la resistencia al autoritarismo, a la corrupción, la ilegalidad, crecía; el gobierno militar muy acorralado cayó en 1982: VUELTA A LA DEMOCRACIA, final feliz.

La escisión de APA.

Hacia principios de los 70s surge en APA una corriente de opinión, representado por dos grupos; primero surgió el denominado Plataforma y luego el que tomó el nombre de Documento (por haber hecho circular entre los miembros de la institución un "documento" en que daba a conocer su posición).

Estaban constituidos mayormente por candidatos y jóvenes miembros adherentes aunque participaron también algunos didácticas.

Eran grupos fuertemente politizados, especialmente Plataforma, en menor medida Documento, ambos coincidían en criticar fuertemente a la organización de APA y a su forma de funcionamiento. La consideraban obsoleta, poco democrática, sostenían que la estructura de APA estaba edificada, más para defender los intereses de clase y el estatus económico de los analistas que para promover el desarrollo del psicoanálisis y sus propuestas renovadoras.

Es posible que también estuvieran inspirados en los movimientos estudiantiles libertarios de París del 68. Plataforma, a su vez pertenecía a un grupo internacional de candidatos de institutos psicoanalíticos.

Las discusiones en APA alcanzaban mucha tensión.

Finalmente la mayoría de los integrantes de ambos grupos (Plataforma y Documento) renunciaron colectivamente a la institución en un gesto espectacular en 1971, gesto que ubicaba a los miembros no renunciantes como reaccionarios y mas interesados en la defensa de intereses mezquinos que en valores fundamentales.

Ninguno de los renunciantes abandonó su estatus económico-social, ni sus honorarios profesionales habituales, es decir, renunciaron a APA pero no a su condición de jóvenes profesionales "burgueses", exitosos.

Los renunciantes no lograron establecer instituciones estables, continuaron trabajando en forma independiente los unos de los otros. Muchos de ellos, años después, pidieron su readmisión a APA u APdeBA, siendo aceptados en casi todos los casos.

La mayoría de los miembros de APA disentían con las actitudes de los renunciantes, sin embargo muchos de los que no renunciaron pensaban que había mucho que cambiar en APA.

Las opiniones se fueron polarizando (entre los que no renunciaron) en dos posiciones: las de los que pensaban que todo estaba bien como estaba, los "conservadores" y las de los renovadores.

Comenzó a circular un "Programa para una reestructuración de APA" (inspirado por Mom Y los Barenger), en el que se proponía el reconocimiento del "pluralismo ideológico" (recordemos que los no kleinianos pensaban que los kleinianos eran hegemónicos), se proponía también resolver la cuestión del ingreso de los psicólogos a la formación. Ya que su exclusión era una flagrante injusticia. Se proponía también en nombre del pluralismo ideológico la implantación de libertad curricular, es decir que los candidatos tuvieran libertad para estudiar los autores de su preferencia junto con otros considerados imprescindibles, se proponía instituir la libertad de cátedra, esto es que cada miembro de la institución pueda ofrecer el seminario que deseara y que los alumnos podrían elegir a los profesores y los temas de su gusto.

Se ampliaría la función didáctica con lo que disminuiría el tiempo de espera para comenzar el análisis didáctico, se otorgaba el voto a los miembros adherente (que no lo tenían).

Que las promociones de miembro adherente a titular no dependieran de jurados cuyos integrantes podrían tener prejuicios con respecto a alguna persona por pertenecer a un determinado grupo político o ideológico rival y se implementaba un sistema de puntaje que reemplace a los jurados.

Los que no coincidían con este programa sostenían que la propuesta no era una democratización sino populismo y demagogia.

En las próximas elecciones para la renovación de autoridades, cada grupo presentó sus candidatos, por primera vez hubo dos listas distintas, anteriormente las listas se confeccionaban por consenso; ganó la lista renovadora por escaso margen. Los perdedores se marginaron de la institución, dejaron de participar, constituyeron agrupamiento interno denominado "Ateneo", lo que culminó en la escisión de la Institución y la ulterior fundación de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires que, fue reconocida por IPA en 1977 con beneplácito de las autoridades de APA, todo el mundo estuvo de acuerdo en que era la mejor resolución a la crisis.