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Entrevista al Prof. Dr. Mario Gomberoff J.

por Gilda Sabsay Foks

 

Gilda Sabsay Foks: La violencia y la agresividad, enraizadas en la condición humana aparecen en primer plano en estos días. ¿Qué puede decir al respecto como psicoanalista?

Mario Gomberoff J.: Siglos de escuchar que "hay que poner la otra mejilla" y no responder "ojo por ojo", han ido disociando, al menos en teoría, la violencia y la agresividad, de las demás características de la condición humana. Así mismo, violencia y agresividad se han teñido cada vez más de connotaciones morales; se han hecho sinónimos de la maldad que produce daño y destrucción. Como tales, son rechazadas en una suerte de negación cada vez que aparecen; producen asombro, sorpresa, malestar. Más sorpresa existe, si ellas provienen de culturas que aparentemente estaban dominadas y que golpean a las dominantes. Mayor es el asombro, cuando se abaten sobre nosotros proviniendo de nuestra propia interioridad. Cunde la desesperanza al comprobar las dificultades que hay para controlarlas.
No creo que ahora aparezcan más que antes. Ocurre que sus expresiones varían. Su disociación y negación, las hacen destacarse. Sin embargo, el Holocausto, Hiroshima, el Apartheid, están frescos; América latina se nutre de la sangre derramada por los indígenas y de sus culturas arrasadas a manos de los europeos, a su vez en permanentes guerras.
Su aparición en primer plano es fruto de la globalización mediática que se usa para enfatizar su perversidad, y su justificación, sólo si con ellas destruimos lo que creemos que es aún más perverso, con la teoría del mal menor. Grupos ideologizados contra estas expresiones humanas, han tenido la esperanza que agresividad y violencia puedan desaparecer, lo que ha sido una utopía. La lucha ideológica contra ellas, las ocultan de tal manera que favorece su eclosión imprevista o su expresión soterrada y no explícita, lo que en oportunidades puede producir mayor daño y destrucción.
Naturalmente que pertenezco a los utópicos que esperan que algún día la "condición humana" disminuya su monto de violencia y destrucción a través de encontrar formas de convivencia y normas de crianza que las mezclen más y faciliten su descarga con menos daño. Mis esperanzas no son muchas. Además, ¿cuál es la condición humana?

G.S.F.: La sociedad chilena, como la sociedad argentina, sufrió un período dictatorial con Pinochet. ¿Cómo repercutió en su práctica clínica?

M.G.J.: El régimen autoritario se infiltraba, como cualquier otro lo hace en todas las actividades que desarrollaba como psiquiatra, como psicoanalista, como profesor, como ser humano. Se comprenderá que las repercusiones que tuvo en mi, dependieron de mi estructura psicológica, que se expresa también en una forma de mirar el mundo que prefiere los regímenes que se consolidan fundamentalmente en formas democráticas que creo son, a su vez, donde se practica mas plenamente el psicoanálisis, a pesar de su surgimiento en una monarquía.
El advenimiento del régimen de Pinochet obligó a muchos de mis pacientes a interrumpir el psicoanálisis por el riesgo que suponía quedarse en el país. La experiencia de estas situaciones fueron dolorosas y naturalmente implicaron cortes y pérdidas no elaborables. Ellas rompieron los encuadres preestablecidos. Estos rompimientos fueron necesarios a raíz del avasallamiento que el psicoanálisis sufría por la realidad externa. La práctica psicoanalítica presentaba dificultades contratransferenciales que no se distinguían con claridad, a raíz de que algunos de los sucesos externos amenazantes para el paciente, eran compartidos por el psicoanalista.
Llama la atención que en nuestro país, al revés que en otros lugares, el psicoanálisis como tal, no fue perseguido, ni rechazado. Los psicoanalistas durante el período al que hacemos referencia, aunque no estaban en el ambiente más propicio para sus prácticas clínicas, no sufrieron proporcionalmente tanto como en otros países en parecidas circunstancias.

G.S.F.: En su trabajo sobre historia del psicoanálisis en Chile, se refiere a cierta marginación del análisis de niños. Actualmente ha variado esta situación?

M.G.J.: Ha variado sustancialmente. Anteriormente no existía en la Asociación ninguna estructura que albergara el psicoanálisis de niños. Los psicoanalistas de niños se formaban fuera de la Asociación a través de viajes al exterior, traída de psicoanalistas de niños al país para realizar seminarios, talleres, supervisiones, etc. Tal situación no era más que el reflejo de la postura de la IPA con respecto al psicoanálisis de niños, quien a pesar de que éste se expresaba en todas las asociaciones e incluso en muchas de ellas era recomendado como parte de la formación, no tenía una expresión que le diera estructura formal. En 1995 fue aceptado en nuestra Asociación el proyecto presentado por la Sra. Liliana Pualuan y el suscrito, con respecto a que dentro del Instituto de Psicoanálisis existiera un programa de formación para psicoanalistas de niños y adolescentes. Desde entonces nuestra Asociación reconoce la existencia de psicoanalistas de niños y adolescentes y a través de los años se han formado algunos miembros y otros están en formación. Nuestro programa tiene algunos elementos que lo distinguen de otros, en cuanto a que el curriculum es variable de acuerdo a los intereses de profesores y alumnos. No se repite año a año. Otro aspecto importante es que no hace una substancial diferencia entre alumnos y profesores. El programa transcurre a través de seminarios en los cuales participan todos los profesores y todos los alumnos. Estas características han sido difíciles de mantener por la tendencia de los miembros a replicar las características de la formación de los psicoanalistas de adultos.
En 1999 y justamente en nuestra capital, en el Congreso Internacional de Psicoanálisis, ingresó oficialmente el psicoanálisis de niños en la IPA, lo que a su vez implicó un mayor estímulo a nuestro programa, que fue posteriormente aceptado en la IPA.

G.S.F.: ¿Cree posible y beneficiosa la coexistencia de posiciones teóricas pluralistas en las asociaciones psicoanalíticas de la IPA? ¿Cómo concibe Ud. la transmisión del psicoanálisis?

M.G.J.: Respondo en el supuesto que ambas preguntas se relacionen. Creo que ya no se puede plantear si es posible esta coexistencia. Ella existe y no se puede evitar. Quienes la combaten a través de oponerse institucionalmente, combaten la realidad del psicoanálisis que se diferencia en distintas teorías y que, por lo tanto, debe ser pluralista. Las diversas teorías se representan por diversos grupos, en las asociaciones y en la IPA. No debemos tolerar la intolerancia mutua de los grupos a quienes debemos exigir sólo la rigurosidad y seriedad en su desarrollo.
No es posible concebir transmisiones parciales del psicoanálisis en que una teoría sea presentada como "el psicoanálisis". El candidato debe saber que éste es más amplio. No podemos exigir que conozca y practique todas las teorías pero si que reconozca su pertenencia a un conglomerado donde hay diversas maneras de pensar, practicar e investigar con algunos comunes denominadores. Otra postura, creo que implica el riesgo del quiebre institucional y la desintegración en diversos grupos. Eso no me asusta, pero creo que en las actuales circunstancias eso no sería conveniente para el desarrollo de nuestra disciplina.

G.S.F.: ¿Según Ud. existe una identidad psicoanalítica latinoamericana?

M.G.J.: Existe, pero es débil. Los desarrollos psicoanalíticos latinoamericanos se basan mayormente en autores de Norteamerica y Europa. Difícilmente encontramos autores latinoamericanos que influyan tanto como los extranjeros. Ha habido una actitud crónica de rebeldía y sometimiento con las otras regiones que ha mantenido un desarrollo donde la originalidad tiene muchos escollos para manifestarse. La nueva estructura de la IPA, con las tres regiones en igualdad de condiciones, tal vez pueda paliar un poco esta situación.

G.S.F.: ¿Cómo se ubica en la tan nombrada "Crisis del psicoanálisis?

M.G.J.: Cuando se menciona la actual "Crisis del psicoanálisis", muchos psicoanalistas dicen que éste siempre se ha desarrollado a través de la crisis. Creo que con este aserto la tendencia es a disminuir su importancia o a negar la actual crisis del psicoanálisis. Tal actitud dificulta el asumirla y el poder controlarla. Creo que el psicoanálisis está pasando por momentos difíciles que se expresan a través de la disminución de profesionales interesados en convertirse en psicoanalistas y a través de la ostensible disminución del número de pacientes. Se disminuye el número de sesiones semanales por votaciones en diversas asociaciones y la IPA las avala.
Asociaciones de larga trayectoria han visto disminuir el número de sus candidatos, los psicoanalistas hacen cada vez más psicoterapias y menos psicoanálisis, ya que tienen menos pacientes para este último. Cada vez más se recurre al procedimiento de llamar psicoanálisis a lo que antes se llamaba psicoterapia.
Muchos factores convergen para que esta situación pueda manifestarse:

a) El intenso desarrollo de la psiquiatría biológica hace que muchas patologías puedan mejorarse a través de la farmacología, en forma rápida y eficiente.
b) Desde diversas escuelas teóricas ajenas al psicoanálisis, surgen técnicas capaces de tratar cuadros al que sólo el psicoanálisis podía acceder anteriormente.
c) Lo mismo ocurre con respecto a la psicoterapia de orientación analítica, que tradicionalmente ha sido una aplicación del psicoanálisis, que ha quedado fuera de las instituciones propiamente psicoanalíticas. Estas psicoterapias se han desarrollado y algunas tratan en mejor forma algunos cuadros que antes eran sólo accesibles al psicoánalisis.
d) Las instituciones psicoanalíticas han permanecido prácticamente rígidas desde su fundación. Sus cambios han sido poco relevantes. Los institutos de formación desde los años veinte del siglo pasado permanecen casi iguales, usando los mismos métodos pedagógicos: seminarios, supervisiones, análisis didácticos, como si no hubiera progreso en esos u otros métodos.
e) La afirmación, algo omnipotente, de que el método psicoanalítico es una técnica que conjuga su propio método de investigación y que simultáneamente expresa su teoría con la exclusión de los demás métodos, técnicas y teorías, ha convertido al psicoanálisis en una disciplina aislada, sin contacto con el mundo académico, científico y lo ha dejado fuera de los desarrollos que este último ha experimentado.
f) El punto anterior ha justificado su exclusión del mundo universitario donde su lugar ha sido tomado por otras disciplinas, dificultando el actual nuevo interés de los psicoanalistas de participar allí. Fuerzas importantes han rechazado tradicionalmente, en los medios psicoanalíticos, la apertura y el compartir con no psicoanalistas los conocimientos e investigaciones que el psicoanálisis detenta. Este rechazo ha sido incluso a psicoanalistas que no están en la IPA y a psicoterapeutas de orientación psicoanalítica.
g) La actual crisis, en realidad no es una crisis propiamente del psicoanálisis, sino de sus instituciones y particularmente de aquellas agrupadas en la IPA. Muchos de sus miembros plantean que el único psicoanálisis existente es el de ellos. Los problemas institucionales planteados han hecho que el psicoanálisis las rebase, hasta el punto que la misma IPA, últimamente, ha declarado que su deber es velar por el psicoanálisis y no por sus instituciones.
h) En las universidades se forma al profesional o al académico y luego éste tiene libertad para desempeñarse en organizaciones diversas. En nuestras asociaciones el Instituto forma para que los egresados ingresen a ellas, como los artesanos ingresaban a sus gremios. Si alguien no lo hace será sindicado como mas enfermo de lo que se pesquisó en la selección, falto de psicoanálisis, etc. Los didactas participan en esta operación representando a la institución
i) Creo que una de las dificultades más importantes para realizar los cambios necesarios en forma más oportuna lo constituye el método pedagógico que se manifiesta en el psicoanálisis didáctico. Sin tener demasiado espacio para referirme a él, debo señalar que creo que tiene todas las condiciones para establecer identificaciones narcisistas en que el candidato "quiere ser como su analista" y este analista que por ser didáctico es distinto a los otros, representa a la Asociación ya que tiene el encargo de ella para realizar esa parte del proceso docente. La sombra del didacta con la Asociación a cuestas cae sobre los candidatos. Lo anterior crea y mantiene una idealización y un conservadurismo que está en contra de lo rupturista de la esencia de nuestra disciplina y que hace muy lento su progreso.
j) Creo que esta crisis nos ofrece la oportunidad para redefinir o refundar el psicoanálisis tomando en consideración sus desarrollos, haciéndolos ingresar en su cuerpo teórico y técnico, ampliando sus diversas áreas, haciendo un "aggiornamento" y cambiando sus métodos pedagógicos y las estructuras de sus instituciones por otras más acordes con los tiempos. Si nos atrevemos a poner al psicoanálisis en la senda de los cambios, el futuro se mostraría auspicioso.